“Tras una legislatura sin haber
presentado, como obliga la Constitución, un solo presupuesto anual, ha sido
directamente la elegida, la ungida por Sánchez, quien se ha
revelado a los andaluces en toda su magnificencia y gloria”
El santo advenimiento en el contexto bíblico significa la llegada o venida del Mesías, Jesucristo, abarcando dos momentos clave: su primera venida humilde como hombre (Navidad) y su esperada segunda venida (Parusía) en gloria. En el cristianismo, simboliza la segunda venida de Jesucristo para el juicio final y la instauración del Reino de Dios.
María Jesús Montero -Marixu para los más
cercanos- se nos ha revelado en el primer día de la precampaña andaluza como
ese ser divino, deseado, omnipotente y anhelado por todos los andaluces. Sin
embargo, tal revelación, contrariamente a La Biblia, no ha sido anunciada en libro
conocido del novísimo testamento: ninguno de los profetas de La
Sexta, TVE, SER, El País, Diario Público, elDiario.es o El Socialista, nos
predijo el sancho advenimiento, esta nueva verdad divina que llama
a Andalucía a una nueva moralidad y al arrepentimiento por haber -haec
sunt peccata mea- votado a la derecha.
Tras una legislatura sin haber
presentado, como obliga la Constitución, un solo presupuesto anual, ha sido
directamente la elegida, la ungida por Sánchez, quien se ha
revelado a los andaluces en toda su magnificencia y gloria, autoproclamándose
como “una persona que tiene grandes responsabilidades en el Gobierno, en este
caso, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, que probablemente ha
sido la persona o la mujer, sin duda, con más poder del conjunto de la
democracia, que ha tenido responsabilidades que, en definitiva, han
supuesto más poder…”.
Con este endiosamiento -y aún peor, pregonado
en tercera persona- María Jesús pretende hacernos olvidar la realidad:
su condición de candidata a palos forzada por el patriarca monclovita.
Se conoce como autoensalzamiento
la tendencia psicológica a resaltar aspectos positivos propios y atenuar
los negativos para mantener o elevar la autoestima. Esta motivación busca
proteger la autoimagen, aunque puede derivar en una percepción distorsionada al
límite con la arrogancia. Su objetivo principal es aumentar el bienestar, la
confianza y mejorar la imagen personal ante uno mismo y los demás; pero tiene
riesgos, el principal convertirse en autoengaño, dañar relaciones sociales al mostrarse
arrogante y, finalmente, causar un mayor malestar emocional si la realidad
contradice la imagen pretendida.
Ser el Mesías significa ser el
elegido de Dios, una figura central de salvación, liberación y redención en el
judaísmo y en el cristianismo. En el ámbito religioso, representa al rey, líder
o profeta prometido que trae la paz, justicia y redención a Israel o a la
humanidad. Pero también se usa para referirse a alguien en quien se confía
ciegamente para resolver crisis… pero eso deben decirlo los “confiados”, en
ningún caso la mismísima profeta en quien se dice confiar.