domingo, 2 de agosto de 2026

31 años del 2 de agosto y 46 días del 18 de junio. ¿Mereció la pena luchar?

 

 

31 años ya... más de seis lustros. Parece que fue ayer. Pretendían acabar con el Sevilla, pero no contaban con el patrimonio más importante del club hispalense: su afición. Entre cuarenta y cincuenta mil personas se echaron a la calle aquel 2 de agosto para exigir justicia. La cacicada de Jesús Gil, Antonio Baró, Jesús Samper, Ramón Mendoza, Rafael Cortés Elvira y José María García fue abortada por todos y cada uno de los sevillistas, en especial los que se echaron a la calle, con cuarenta grados a la sombra, como un solo hombre (o una sola mujer, para ser correctos ahora).

¿Qué sevillista no recuerda aquel despertar de la siesta agosteña del primero de mes?: ¿Cómo? ¿qué dices? ¡tú estás loco... ! ¡Y tanto que estaban locos! El sevillismo así se lo demostró... ¡Qué grande eres -¿eras?-, Sevilla!

Ernesto López de Rueda, Javier Tenorio y Enrique fueron los promotores de aquella demostración de fuerza del sevillismo. Aquel mismo día a las tres de la tarde (cinco horas antes del comienzo y cuando Internet y las redes sociales eran una entelequia) presentaron en la Delegación del Gobierno la comunicación de la gran manifestación que se pretendía convocar. Todo un documento para la historia sevillista:


 

  

 

Meses después, Ernesto López de Rueda, vicepresidente de Foro Sevillista, plasmó en los capítulos 3 y 4 de su libro "Sevilla hasta la Muerte, El coraje de una afición" el acontecer de aquellos tremendos días en que se forjaron los sólidos cimientos del Sevilla actual: El libro de cabecera del sevillismo en el que se narra la intrahistoria del abortado abordaje del Sevilla F.C. por los invasores madrileños y marbellíes.

 

Pero de nuevo volvieron a sonar tambores de guerra: los grandes capitales que aglutinan la mitad de las acciones del Sevilla FC emprendieron hace más de un lustro una lucha desaforada en pos de hacerse con el mayor número posible de títulos con el pretendido afán de controlar la institución, y lo hacen ofreciendo precios desorbitados... o no tanto. Los 3.200 - 3.400 euros que han llegado a pagarse por un título accionarial, pusieron -otra vez- en alerta máxima a un sevillismo de base que, no es nuevo, siempre había vendido -de forma consciente- a señalados sevillistas. Ahora saben, sin embargo, que, con la mediación de esos mismos sevillistas, peleas al margen, el objetivo no es otro que dar entrada, más pronto que tarde y mediante su agosto particular, a capital extranjero en la gran casa del fútbol andaluz, pero, embolsándose una ganancia ya bastante menguada por sus desaciertos y riñas. El pasado 18 de junio el sevillismo volvió a empetar las calles de Sevilla solicitando la marcha por su manifiesta incapacidad de todos los grandes accionistas del club.

 

Para colmo, firmamos cuatro temporadas, las últimas, incluida la 2022/2023 en la que se cosechó inesperadamente el octavo entorchado europeo, que no se corresponden con nuestra historia. Deuda desaforada de la mano de pingües beneficios de los administradores, familias enfrentadas, desabruptos de mostrador de taberna, insultos, descalificaciones… todo ello pensando en un scotazzo (sinónimo de pelotazo y que me perdone el gringo) que garantice el futuro de sus bisnietos y olvidándose de lo que dicen es sagrado: El Sevilla FC, ése que, ahora sí, solo somos nosotros.

 

"¡El fútbol está así, mira en Inglaterra, en Francia, en Italia... donde los magnates del Próximo o del Lejano Oriente se han hecho los dueños de los grandes emblemas europeos!". Eso dicen, para conformarnos y quizá no les falte razón, pero ese fútbol, ese Sevilla inminente que se viene tejiendo ahora entre bastidores no es el club por el que nosotros luchamos o se dejaron la piel y una parte importante de su peculio nuestros antepasados... ese Sevilla dandy que nos están pergeñando seguramente -al menos eso nos siguen vendiendo- atestará aún más las vitrinas y convertirá al Grande de Andalucía en primer referente a nivel mundial, pero ese Sevilla "sushi", "de arroz tres delicias" o de "chop suey de pollo", no será el Sevilla de hoy ni aquel de 1995. Si eso ocurre, posiblemente asista a algún encuentro, lo mismo que me presento en un musical de la Gran Vía, pero no, no puede ser lo mismo.

 

Una afición en permanente lucha por la independencia de "su" club está hoy llamada -31 años después- a defender su identidad, esta vez no frente a invasores extraños, sino ante este reto de "los nuestros", y éste sí que se antoja imposible de superar. Tanto que cabe preguntarse: ¿mereció la pena luchar?

 

jueves, 30 de julio de 2026

Quien avisa no es traidor, aunque se apellide Sánchez

 


30/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


“Que Paco Salazar, defenestrado como sucesor de Santos Cerdán por el caso de las braguetas entreabiertas en los despachos de La Moncloa, se pasee ahora por los consulados de Hispanoamérica, ha disparado todas las alarmas”

 

Hay políticos que amenazan. Otros insinúan. Y luego está Pedro Sánchez, que, además, sibilinamente, avisa.

Ayer se despidió para irse de vacaciones, lo del fuego ya es cosa de bomberos: “No habrá elecciones anticipadas; la legislatura llegará hasta el final”. Y, de paso, vayan haciéndose a la idea de “aceptar el resultado cuando llegue el momento”. Traducido del lenguaje sanchista al cristiano: “Luego no digáis que no os lo advertí”.

La confianza de este chulo tranviario resulta admirable. Ni las encuestas, ni los escándalos, ni la corrupción que le chorrea, ni el desgaste parecen alterar su serenidad. Fueraparte de su patente psicopatía, parece saber algo que el resto de los españoles todavía desconocemos.

O quizá no: Mientras el Gobierno predica las bondades democráticas de la conocida como “ley de nietos”, el censo electoral no deja de engordar con cientos de miles de nuevos españoles repartidos por toda Latinoamérica (2,4 millones de solicitudes a marzo de este año). Oficialmente, se trataba de reparar una injusticia histórica que la hermana del primer alcalde de Atapuerca ha llevado más allá: Sofía Puente firmó una instrucción en 2022 reinterpretando la Ley de Memoria Democrática para considerar beneficiarios a descendientes de españoles que no quedan comprendidos en el texto legal, incluyendo determinados supuestos relativos a descendientes de emigrantes anteriores a la Guerra Civil.

Qué casualidad que esa reparación llegue justo antes de unas elecciones desde siempre impepinables para 2027, y éste es el motivo, en las que cada voto va a decidir ¿en igualdad? quién ocupa La Moncloa: los moradores de la piel de toro y, entre otros, los que siguen pensando que Celta de Vigo es una pedanía de Orense.

Pura coincidencia, naturalmente. Porque pensar que un Gobierno puede tener un interés mezquino en ampliar el electorado que votará en las próximas generales sería de muy mala fe. Igual que pensar que un pescador lanza la red porque espera pescar. Que Paco Salazar, defenestrado como sucesor de Santos Cerdán por el caso de las braguetas entreabiertas en los despachos de La Moncloa, se pasee ahora por los consulados de Hispanoamérica, ha disparado todas las alarmas.

Llegado el recuento de las elecciones de 2027, mientras las encuestas les vaticinan mayorías nunca vistas a los que sueñan plácidamente con heredarle, será el momento de que resuenen las palabras de ayer de Sánchez en su “Aló, presidente”, antes de quitarse del mundanal ruido por más de un mes a costa de todos los españoles: “Habrá que aceptar el resultado de las elecciones”.

Claro, primero se amplía el censo con cientos de miles de nuevos votantes, después se transmite una seguridad absoluta sobre el desenlace electoral. Y, finalmente, se pide deportividad democrática.

Nadie puede afirmar hoy cuál será el comportamiento electoral de esos nuevos ciudadanos. Pensarlo sería aventurar lo que nadie sabe. Pero tampoco puede reprocharse que muchos, muy pocos aún, se hagan preguntas cuando el fruslero de La Moncloa está tan convencido de que el final de la película ya está escrito.

Quizá por eso conviene quedarse con el refrán: “Quien avisa no es traidor”, aunque se apellide Sánchez.

Aunque, visto lo visto, a algunos españoles, yo entre ellos, empieza a darles la impresión de que lo de ayer, más que un aviso, es un espóiler.

martes, 28 de julio de 2026

ZP, de contador de nubes a gerente de Tiffany

 

28/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


«Las joyas estaban ahí, haciendo “¡cucú-cucú!” esperando al único mortal capaz de exclamar el tan esperado “¡tras!” … y vaya si lo soltó»

 

El Evangelio de ayer de San Mateo anunciaba que “el Reino de los Cielos se parece a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas y, al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró”.

Hay personas que hacen carrera empezando desde abajo. José Luis Rodríguez Zapatero decidió innovar: empezó contando nubes y ha terminado contando quilates. Es una evolución natural de la ya conocida historia socialista: primero se prometen arcoíris y luego -ya, si eso- se justifica de dónde salen y cómo se embolsican los diamantes.

Porque, si algo nos enseñó la entrevista de TVE del pasado jueves, es que la realidad no existe; existe el relato. Y el relato venía cortejado de masaje relajante, música ambiental y un entrevistador tan incisivo como una cuchara de plástico. Solo se echó en falta, antes de entrar en materia, un “¿le acerco una mantita?”.

Ni mención a los delitos que se le imputan. De momento, presuntamente: tráfico de influencias, blanqueo de capitales, organización criminal, falsedad documental y contrabando. Un sugestivo extracto del Libro II del Código Penal. Ni repreguntas, ni apostillas, sin salirse del guión previamente pactado con Gertru.

Y ahí siguen sus defensores -a la cabeza el gobierno, al que le va la vida en forma de supervivencia- todos coreando, al más puro estilo de Roosevelt, “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

El rescate de Plus Ultra ocupó la primera parte y fue zanjado radicalmente, como diría -y dijo- la ministra Diana Morant “muy valientemente”, porque, si efectivamente intervino, lo hizo solo con afán de colaborar con gobiernos hermanos y democráticos como Venezuela y con esa compañía aérea en concreto que en ese momento necesitaba una inyección de capital… probablemente para un nuevo tren de aterrizaje del único avión de la compañía. Por supuesto sin él embolsarse comisión alguna y si se la embolsó… la declaró a la hacienda, faltaría más.

Sobre sus treintañeras y millonarias hijas, negó que fueran sus testaferros (¿para cuándo el femenino en el DLE?) o que sirvieran para ocultar patrimonio o para canalizar fondos, sostuvo que ante el juez instructor justificarán los ingresos recibidos, presentarán sus trabajos y la documentación correspondiente, reivindicó su capacidad profesional y que no han sido utilizadas como instrumento suyo, sin olvidar el impacto personal y familiar que la investigación ha tenido sobre ellas; todo ello, sin sonrojarse y sin un cálido y sentido recuerdo a los millones de jóvenes españoles que hacen complicados tetris con su hoja de Excel para llegar a fin de mes.

Y llegó el momento estelar: las joyas. La explicación podría resumirse en una frase que pasará a los anales del pensamiento contemporáneo: “estaban ahí”. Extraordinario: Newton debió pensar lo mismo con la manzana que le sirvió para explicar la ley de la gravitación universal: “estaba ahí”. Arquímedes, antes de salir en pelotas a la calle gritando “¡eureka!”, haría lo propio con su bañera para enunciar el principio que lleva su nombre: “estaba ahí”.

Es posible que llevasen años abandonadas, mugrientas, todos preguntándose cuándo alguien les daría el cariño que merecían. Hasta que apareció él, un hombre sensible, un humanista, un servidor público. Las joyas estaban ahí, haciendo “¡cucú-cucú!” esperando al único mortal capaz de exclamar el tan esperado “¡tras!” … y vaya si lo soltó. ¡Me lo llevo y pa la saca!

Pero no. Quien conozca mínimamente al expresidente sabe que jamás pensaría en sí mismo. Si decidió darles uso sería, sin duda, pensando en el interés general. Quizá estaba diseñando un plan de Viviendas de Protección Oficial para los más necesitados. O un programa de economía circular donde los diamantes pasen de cuello en cuello hasta alcanzar la justicia social.

Porque, como tantas veces se nos ha explicado, ser socialista consiste en tener poco y estar dispuesto a compartir mucho. Y, si algún día uno acaba rodeado de objetos brillantes, siempre cabe la posibilidad de que simplemente estuvieran ahí, esperando la llegada de un gestor comprometido.

Concluía San Mateo ayer: “Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Visto con perspectiva, quizá la auténtica joya no fueran los diamantes ni las esmeraldas. La auténtica joya fue la entrevista. Porque conseguir una hora de televisión pública sin despeinarse mientras las preguntas pasan de puntillas alrededor de los asuntos incómodos es un lujo que ni Tiffany, ni Cartier, ni el mejor joyero del mundo podrían tasar.

Eternamente agradecido, Javier, nos vemos en La Séptima con Sarah, naturalmente.

jueves, 16 de julio de 2026

Tres apellidos franceses y medio contra veintiún apellidos españoles y a la final

 


16/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


“Rajoy escribió una frase (“Francia tiene muchísimo nivel, eso sí, sin franceses”) que desde la perspicacia solo podía interpretarse como una pulla a la extrema derecha francesa”

 

Anoche, la semifinal mundialista acabó de la forma más inesperada: tras varias jornadas contendiendo entre estirpe francesa y casta española, el partido empezó a decidirlo para España un apellido marroquí, Yamal, objeto de penalti de uno de los escasos apellidos franceses puestos en liza en todo un 14 de Julio. Y, de repente, todos descubrimos que los goles -Oyarzabal y Porro- no llevan certificado de pureza de sangre.

Durante cinco días, Rajoy mediante, se perfiló una competición paralela. No de fútbol y sí de linaje. Pareciera que Francia dejaba de jugar con laterales y delanteros para hacerlo con árboles genealógicos.

¡A ver cuántos apellidos franceses resplandecen en la plantilla de Didier Deschamps! Los más aplicados empezaron a repasar la lista: Lacroix, francés; Rabiot, francés; Lucas, bueno… vale. Y a partir de ahí comenzaron los sudores fríos. Porque resulta que la República Francesa lleva lustros haciendo una cosa muy rara: considerar franceses a los franceses, eso sí, de segunda generación, despreciando al filántropo Sánchez quien propiciará en breve que presuntos tataranietos de españoles en Iberoamérica, sin moverse de su quinta o de su favela, nos enseñen a votar correctamente a quienes osamos hoyar el terruño.

Lo curioso, finalmente, es que, mientras algunos hacían inventario de los apellidos galos, España terminaba eliminando a Francia gracias a un futbolista cuyo apellido sirve desde hace años para que otros aseguren que es catalán y, por tanto, no español.

Pero la realidad, como la verdad, es la realidad, la diga Mariano o su porquero. Estos son los apellidos de los 25 componentes de la selección francesa y sus orígenes:

-         3 franceses: Digne, Lacroix y Rabiot. Y medio más: Zaïre-Emery.

-         3 malienses: Dembélé, Konaté y Kanté.

-         2 argelinos: Akliouche y Cherki.

-         2 cameruneses: Mbappé y Tchouaméni.

-         2 congoleños: Samba y Mateta.

-         2 marfileños: Koné y Doué.

-         1 alemán: Risser.

-         1 beninés: Koundé.

-         1 español: Hernández.

-         1 guadalupeño: Thuram.

-         1 guineano: Upamecano.

-         1 haitiano: Maignan.

-         1 italiano: Gusto.

-         1 libanés: Saliba.

-         1 nigeriano: Olise.

-         1 togolés: Barcola.

 

Y estos son los correspondientes a los seleccionados por De la Fuente:

-         21 españoles (castellanos, valencianos, extremeños, gallegos, andaluces, vascos o catalanes).

-         1 marroquí (Yamal).

-         1 ghanés (Williams).

-         1 neerlandés (Huijsen).

-         1 francés (Laporte).

 

Así queda, al día de hoy, el marcador de estirpes:

Apellidos franceses defendiendo a Francia: 3,5.

Apellidos españoles en favor de España: 21.

Resultado: ¡España, a la final!

 

La ironía, sin embargo, no acaba ni empieza en Rajoy, pese a RTVE y al resto de rufianes. Nadie valora, ni siquiera recuerda, que la izquierda española viene aprovechando las acciones de Lamín para lanzar su envenenado dardo a la derecha: “ganamos gracias a uno que, según vosotros, no es español”.

Buen argumento... salvo por un pequeño detalle. Porque los mismos que defienden -con razón- que un ciudadano español sigue siendo español, aunque se apellide Yamal, Hakimi o Williams, llevan años proclamando sin aspavientos que la selección española gana “porque está repleta de catalanes”, ¿verdad, Gabriel?

Resulta, así, una curiosa versión del nacionalismo cuántico, porque si un catalán marca el gol decisivo, retozan orgullosos: “es Cataluña quien vence”. En este caso sí que vale la afirmación de que Cubarsí u Olmo no son españoles. Y nadie, ni siquiera Rajoy, se atreve a chistarles.

La exaltación nacionalista, en detrimento de lo español, suele continuar a la velocidad de un contraataque de Oyarzabal, “vasco de sangre”; o con un gol de Merino, exmaketo y vasco a la fuerza; o con una asistencia de Nico Williams, vasco muy a pesar del sueño de Sabino Arana.

Resulta que la identidad nacional funciona como el fuera de juego: depende del color del equipo desde el que se mire. Lo de la superioridad moral, ya sabemos…

Rajoy escribió una frase (“Francia tiene muchísimo nivel, eso sí, sin franceses”) que desde la perspicacia solo podía interpretarse como una pulla a la extrema derecha francesa, la misma que ha respondido con la mayor de las indignaciones. Naturalmente -estaba claro- que también los aprovechateguis de turno, en forma de analfabetos funcionales, dictadores del progretariado o centristas pasteleros lo cogerían por donde no picaba…

lunes, 6 de julio de 2026

De “¡A las barricadas!” al "¡Hala Madrid!"

 


Hay imágenes que desafían toda lógica. Un vegano inaugurando una cadena de asadores. Un ecologista presumiendo de su colección de todoterrenos de doce cilindros. Un anarquista pidiendo más burocracia. Y, en esa misma categoría de paradojas, aparece el militante de izquierdas, el socialista convencido, el azote del capitalismo... celebrando los goles del Real de Madrid.

Porque una cosa es separar deporte y política y otra muy distinta es hacer desaparecer la realidad agitando la bufanda.

El discurso suele ser impecable de lunes a viernes: hay que combatir los privilegios, redistribuir la riqueza, limitar el poder de las grandes corporaciones, poner freno a los monopolios, defender a los débiles frente a los fuertes y desconfiar de quienes siempre ganan porque juegan con ventaja. Pero llega el sábado y el mismo ciudadano se transforma. Guarda el manifiesto, se enfunda la camiseta blanca y comienza a animar con entusiasmo a la mayor multinacional futbolística del planeta. Al club que factura cientos de millones, que convierte cada verano el mercado de fichajes en una exhibición de músculo financiero y cuya marca vale más que el PIB de algunos pequeños países.

De pronto, el monopolio deja de ser un problema, la concentración de riqueza ya no indigna, el poder económico se convierte en “una gestión ejemplar” y el apabullante dominio de los grandes sobre los pequeños se justifica con el tan socorrido “ADN ganador”. Milagros de la pasión futbolística.

Resulta fascinante observar cómo algunos descubren que el capitalismo es insoportable... salvo cuando viste de blanco.

El Real de Madrid, merecidamente, representa casi todo aquello que la izquierda suele denunciar cuando cambia el balón por el boletín oficial. Es éxito acumulado, músculo financiero, influencia institucional, capacidad para atraer a las mayores estrellas, patrocinadores globales, poder mediático y una marca convertida en icono del mercado mundial.

Sin embargo, ahí están cientos de miles de militantes del progretariado celebrando cada victoria como si acabaran de derrotar al capitalismo... cuando, en realidad, están aplaudiendo, si no la que más, una de sus expresiones más exitosas.

Si el Real de Madrid fuera una mercantil dedicada a fabricar teléfonos móviles, gestionar autopistas o explotar plataformas digitales, la práctica totalidad de esos mismos aficionados pedirían dividirla por abuso de posición dominante. Pero… juega al fútbol y resplandece el argumento definitivo: “El fútbol no tiene nada que ver con la política”.

Sin embargo, el fútbol sí tiene relación con la política cuando hay que denunciar racismo, homofobia, violencia, discriminación, corrupción, desigualdad salarial o derechos laborales y descubrimos que el deporte es un extraordinario instrumento de transformación social. Pero deja misteriosamente de tener contenido político cuando se evidencia que el club más poderoso del mundo simboliza precisamente la concentración de recursos y prestigio que los mismos critican en otros ámbitos.

Se consigue así, para seguir tirando, una selectiva desconexión ideológica: algo parecido a defender la sanidad pública mientras se presume de seguro privado exclusivo, o criticar la especulación inmobiliaria desde el ático adquirido gracias a ella.

La pasión futbolística tiene una virtud extraordinaria: consigue que personas extremadamente coherentes en casi todos los aspectos de su vida suspendan voluntariamente el pensamiento crítico durante noventa minutos. Y no pasa nada. Todos tenemos contradicciones, pero Pablo Iglesias, gracias, nos enseña a cabalgarlas.

Porque el problema no es ser de izquierdas y del Real de Madrid. El problema es fingir eternamente que no existe ninguna tensión entre ambos ideales. Se puede ser socialista y madridista, igual que se puede ser vegetariano y disfrutar del aroma de una parrillada. La libertad consiste precisamente en eso. Lo que resulta más difícil es sostener, sin que aparezca una sonrisa irónica, que el club más poderoso, más rico, más influyente y más globalizado del fútbol mundial representa la lucha de los débiles frente a los fuertes.

Hay contradicciones humanas, cierto, y luego está cantar “¡Hala Madrid!” después de haber pasado la semana denunciando las injusticias del capitalismo entonando puño en alto “¡A las barricadas!”. Ésta ya pertenece a una categoría superior: la de las acrobacias ideológicas con balón de cuero.