martes, 30 de junio de 2026

Oposiciones y cuarto turno: del mérito a la excepción

 


30/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“La España de hace casi siglo y medio parece haber comprendido mejor que la de hoy que la independencia judicial comienza mucho antes de dictar una sentencia; empieza con la forma en que se accede al estrado”

 

Hay reformas que pretenden modernizar las instituciones y que, paradójicamente, las hacen retroceder. La modificación del artículo 311 de la Ley Orgánica del Poder Judicial promovida por este gobierno eternamente en el alambre -a base de equilibrios solo posibles desde el amor a la poltrona, por un lado, combinado con un “me lo llevo y pa la saca”, del otro- constituye uno de esos casos en los que, bajo el lenguaje de la apertura, la modernidad y la diversificación, se erosiona el principal de los pilares sobre los que históricamente se ha asentado la independencia judicial: la acreditación objetiva del mérito y la capacidad.

Es el caso del denominado cuarto turno, la vía por la que juristas de reconocida competencia arriban a la categoría de magistrado. Y es que, para el acceso, hasta ahora, el sistema exigía, además de una dilatada experiencia profesional, la superación de pruebas selectivas y la formación específica correspondiente. Con la pretendida reforma se eliminaría la necesidad de superar exámenes en determinados supuestos, sustituyéndola por una valoración de currículums… a saber cuáles.

Esta medida supone, como tantas otras suscritas por este gobierno experto en descapitalizar el mérito, una ruptura con una tradición jurídica española que, con distintas formulaciones, ha permanecido invariable durante casi siglo y medio.

La Ley de 19 de agosto de 1885, aprobada durante la Restauración, concibió el acceso a las categorías judiciales superiores como una combinación entre antigüedad, experiencia y manifiesta aptitud. Incluso en aquella España decimonónica, muy alejada de los estándares democráticos actuales, el legislador entendía que la incorporación a la judicatura no podía descansar únicamente en el prestigio profesional o en la discrecionalidad de quienes nombraban, antes bien el futuro juez debía acreditar públicamente su competencia.

Ya un siglo después, la tan debatida como polémica Ley Orgánica 6/1985, del Poder Judicial, con Fernando Ledesma al aparato, estableció como núcleo del procedimiento el concurso de méritos y no la oposición libre: el artículo 311, ahora nuevamente amenazado, estableció que una de cada cuatro vacantes de magistrado se cubriría entre juristas de reconocida competencia con más de diez años de ejercicio profesional. El propio Felipe González, con la reforma 1994, abjuró de su idea inicial y comenzó a fachear, reintroduciendo una -vaga- prueba de especialización para abandonar el modelo de puro concurso de méritos que él mismo había santificado nueve años antes.

A pesar de las críticas de los conservadores, no fue hasta 2004, nueve años después de su llegada al poder y apenas -11M mediante- tres meses antes de entregar la cuchara a un ZP, por entonces perito en bisutería, cuando Aznar introdujo como requisito para el acceso al cuarto turno la superación de un curso de formación.

Curiosamente, el ahora experto en rubíes, esmeraldas, diamantes y cajas fuertes, salvo las previsiones referidas a las lenguas oficiales de las Comunidades Autónomas o al Derecho Civil propio, obligadas por el independentismo, no tocó ni una coma de la reforma de Aznar en este apartado y solo Rajoy se atrevió en 2015, manteniendo la superación del curso de formación, a reservar un tercio de las vacantes de ese cuarto turno a miembros del Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia de primera o segunda categoría, lo que, sin duda, reforzaba los tan aludidos conceptos de mérito y la capacidad.

Con la reforma de 2018, un Pedro Sánchez más que prudente por entonces, se limitó a ampliar a los órdenes civil y penal y en las materias mercantil y de violencia sobre la mujer, la posibilidad de acceso a los miembros de la Carrera Judicial con categoría de magistrado, sin afectar a los fundamentos del cuarto turno.

Es ahora, en su continua huida hacia adelante, obligado por las decenas de casos de corrupción que acosan a su entorno y a él mismo, cuando, de prisa y corriendo, monta una reforma global del acceso a la judicatura, que prevé un macro refuerzo del cuarto turno “para cubrir necesidades estructurales”, convocándolo de forma simultánea al turno libre y con el consiguiente aumento del peso de la institución en el conjunto de la magistratura.

Si la reforma sale adelante, supondrá el mayor impulso al cuarto turno desde la reforma socialista de 1994, que fue, como se dijo, la que transformó definitivamente el modelo original de 1985 basado en un puro concurso de méritos.

La novedad de la reforma en ciernes no es, per se, la existencia o reforma del cuarto turno, institución asentada desde hace décadas, como se ha visto, sino la pretensión de que algunos aspirantes puedan incorporarse a la carrera judicial sin haber superado examen alguno. Ni la legislación liberal del siglo XIX, ni la Restauración, ni la Segunda República, ni el Franquismo, ni la democracia constitucional habían llegado tan lejos.

Porque si algo comprendieron los legisladores de 1885 era que la independencia judicial no se garantiza únicamente mediante declaraciones solemnes, sino también evitando que el acceso a la carrera dependa de valoraciones subjetivas.

La exaltación contemporánea de los méritos curriculares frente a las pruebas objetivas presenta, además, una curiosa inversión histórica: los que algunos califican hoy como un sistema “anticuado”, la exigencia de superar exámenes, era considerado por los reformadores liberales del siglo XIX un instrumento de modernización frente a los antiguos privilegios y recomendaciones personales; en definitiva, una garantía contra el clientelismo.

Por ello resulta llamativo que, siglo y medio después, sea precisamente el legislador democrático quien se aparte de un principio que los liberales de la Restauración consideraban esencial para construir una Administración de Justicia profesional e independiente.

Nadie discute que abogados, profesores universitarios, o letrados de la Administración de Justicia posean conocimientos y experiencia suficientes para enriquecer la carr
era judicial. La cuestión es otra: si quienes van a ejercer la potestad jurisdiccional deben acreditar esos conocimientos mediante procedimientos objetivos o si basta con la valoración de sus méritos profesionales. La respuesta que España había dado desde 1885 hasta nuestros días se decantaba claramente por la primera. La reforma actual altera ese consenso histórico, encumbrando a la segunda.

Quizá por eso resulte inevitable una conclusión incómoda: en este punto concreto, la España de hace casi siglo y medio parece haber comprendido mejor que la de hoy que la independencia judicial comienza mucho antes de dictar una sentencia; empieza con la forma en que se accede al estrado.


viernes, 19 de junio de 2026

El irresistible encanto del (vil) metal para el progretariado patrio

 


19/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

Se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce

Dicen -y todavía hay incautos que se lo creen- que el socialismo nació para repartir la riqueza. Sin embargo, a juzgar por algunas querencias históricas, no cabe duda de que ciertas figuras del PSOE siempre han mostrado una atracción especialmente expropiatoria hacia el amarillo. Hay quien colecciona sellos, quien se apasiona por los bonsáis y quien siente una irresistible sugestión por las joyas, los lingotes y demás contenido brillante custodiado en las cajas fuertes.

Ahora que José Luis Rodríguez Zapatero sigue paseándose por medio mundo con la seguridad de un estadista jubilado que nunca se jubiló del todo, resulta inevitable que a los buenos aficionados a la historia se les despierten los recuerdos. Porque, a fin de cuentas, el PSOE posee una tradición tan rica en congresos, escisiones y puñaladas fraternales como en leyendas relacionadas con apropiaciones indebidas y mangazos de tesoros.

No, no es la primera vez que dirigentes socialistas españoles se ven rodeados por el resplandor de las piedras preciosas. En los años finales de la Guerra Civil, cuando el régimen prosoviético felizmente expiraba y todo era confusión, el patrimonio custodiado por el estado fallido y las joyas depositadas por miles de particulares en las cajas del Banco de España emprendieron caminos en paralelo -¡qué casualidad, José Luis!- con los destinos de los exiliados. Unas acabaron en Francia, otras en México y otras en la nebulosa de las memorias contradictorias o, directamente, acalladas.

Valga como ejemplo que el 28 de febrero de 1939, el Vita, patroneado por un grupo de carabineros españoles leales a Negrín, partió del puerto francés de El Havre, con la orden de anclar en el puerto mexicano de Veracruz, acarreando 120 maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones, cuyos bienes muebles estaban constituidos por obras de arte de colecciones privadas y sobre todo por grandes cantidades de joyas y metales preciosos. Aquel episodio tuvo su fratricida continuación ya en tierras conquistadas por Hernán Cortés, donde las instituciones socialistas expatriadas, encabezadas por los archienemigos Juan Negrín e Indalecio Prieto, los administraron con un entusiasmo digno del conspicuo ZP. Las acusaciones más sonoras sobre cómo se embolsicaron los bienes y las joyas no procedieron precisamente de sus enemigos, sino de ellos mismos. Prieto lanzó invectivas contra los negrinistas y los estos contraatacaron con entusiasmo.

Noventa años después, los tiempos deberían haber cambiado, pero ciertas inclinaciones parecen resistirse a desaparecer. Ya no se trata de baúles rumbo a Veracruz ni de inventarios redactados a toda prisa, sino de una fascinación más sofisticada por las compañías distinguidas, los regímenes amigos y las relaciones con personajes de cartera generosa.

En estas aparece Zapatero, transitando por los escenarios internacionales con una desenvoltura que habría hecho las delicias de los viejos caciques liberales. Si antaño los dirigentes socialistas soñaban con la revolución proletaria mientras se apoderaban de tesoros ajenos, hoy las fotografías se las hacen con jeques, empresarios, magnates y mandatarios varios al tiempo que reciben tesoros no declarados. El puño en alto ha sido sustituido por el apretón de manos y el traje de pana por el traje a medida, pero las piedras preciosas entonces y hoy eran la meta.

Cambian los discursos, cambian las consignas y cambian los enemigos del pueblo, pero permanece intacta esa antigua pasión española por los tesoros de la que los socialistas no reniegan. El socialismo español ha conservado intacta una admirable virtud: la capacidad de reinventarse sin perder jamás cierto aprecio por el precioso resplandor. Debe de ser una cuestión estética. Al fin y al cabo, las joyas tienen algo irresistible: reflejan la luz. Y se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce.

En resumen, el progretariado patrio, aún viéndolo comparecer como imputado ante el Juzgado Central de Instrucción número 4, sigue encandilado con su ZP del alma, ese probo socialista, como todos, “normalmente pobre y siempre dispuesto a dar mucho”. ¡País!

viernes, 12 de junio de 2026

¿Un Papa al rescate del ALMA?

 


12/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

“El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada”

Para los cristianos, Jesucristo vino al rescate definitivo del alma, ofreciendo su vida en la Cruz como el precio para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte.

La visita de León XIV a España está siendo, para millones de católicos, una ocasión de alegría, esperanza y renovación espiritual. No podía ser de otra manera. La presencia del Sucesor de Pedro siempre constituye un acontecimiento que trasciende la política y recuerda a los creyentes que la Iglesia pertenece a una dimensión más alta que las disputas partidistas. Precisamente por ello resulta llamativo observar cómo determinados sectores políticos y mediáticos han aprovechado la visita para construir un inmenso paréntesis informativo alrededor de los escándalos que afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y al partido que mayoritariamente lo sostiene.

Pareciera que, por unos días, todas las controversias han desaparecido. Las investigaciones, las sospechas, los escándalos y las incómodas preguntas que rodean a distintas figuras del entorno gubernamental han quedado relegadas a un discreto segundo o tercer plano. El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada. De pronto, la conversación nacional pareció dejar de girar alrededor de las dificultades del sanchismo para concentrarse en las imágenes, discursos y gestos del Pontífice.

La paradoja es que ni siquiera algunas de las posiciones doctrinales tradicionalmente defendidas por la Iglesia parecieron incomodar a quienes normalmente las combaten con mayor intensidad. Si el Papa recordó la defensa de la vida o expresó reservas frente a determinadas prácticas que forman parte del consenso progresista contemporáneo, tales afirmaciones fueron recibidas, por el ALMA, con una indulgencia sorprendente. Quienes no suelen mostrar especial simpatía -más bien todo lo contrario- por la moral católica parecen hoy dispuestos a ofrecer la otra mejilla, a perdonarlo todo. El motivo es evidente: la visita del Prevost madridista les está proporcionando, además de blanco, blanquísimo, un valioso balón de oxígeno político y mediático.

La imagen más representativa es la del entusiasmo institucional desplegado alrededor de la presencia papal. El mismo sistema político que acostumbra a mirar con distancia, cuando no con abierta hostilidad, a muchas posiciones de la Iglesia, se ha entregado a una exaltación casi unánime capaz de dejar en pañales Las Moradas de la santa de Ávila. El ALMA ha encontrado así su razón de ser: la capacidad de adaptar el discurso a las necesidades del momento, incluso cuando ello exija aplaudir, por más de siete minutos, aquello que normalmente se critica (como la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural) y que volverá a criticarse en cuanto el Pontifex Maximus aterrice en Fiumicino.

Por supuesto que también llama la atención el itinerario elegido. La visita al Monasterio de Montserrat, vinculado desde finales del XIX con el movimiento separatista conservador, se ha pretendido mostrar como símbolo de encuentro y espiritualidad, ocultando otras connotaciones o no poniendo el mismo énfasis en las sombras que también han afectado al histórico santuario, incluidas las derivadas de los casos de abusos denunciados. El contraste entre la atención concedida a unos asuntos y el silencio sobre otros alimenta inevitablemente la sospecha de que la gestión de la memoria histórica continúa dependiendo más de la utilidad política que de la búsqueda de la verdad.

Lo contrario ocurre con la ausencia de la visita al Valle de los Caídos solicitada por miles de personas. Para el ALMA, la decisión es absolutamente lógica ya que evita entrar en un terreno de permanente confrontación ideológica. Contrariamente, para una parte de los no ateneístas, constituye una oportunidad perdida para reivindicar el significado reconciliador que atribuyen al monumento. Quienes sostienen esta última visión recuerdan que fue concebido como un lugar destinado a superar las heridas de la Guerra Civil, incluida la persecución religiosa de los años treinta, el mayor genocidio después de la Vendée. Desde esa perspectiva, la ausencia solo puede ser interpretada como una concesión innecesaria -otra- a las sensibilidades políticas dominantes.

Queda claro que el verdadero debate no está girando en torno al Papa, sino al uso que se hace de su figura. León XIV no necesita rescatar a ningún gobierno ni respaldar a ningún partido. Su misión es otra. Son los actores políticos y mediáticos quienes intentan convertir una visita pastoral en una operación de comunicación. Y es ahí donde el ALMA encuentra su campo de actuación favorito: transformar cualquier acontecimiento en una ocasión para la lisonja activa y la suspensión temporal, ya casi perenne, del espíritu crítico de una sociedad cada vez más consciente de los desmanes de este gobierno.

Los católicos tienen motivos legítimos para alegrarse de la presencia del Pontífice. Los no creyentes pueden contemplarla con respeto como un acontecimiento cultural e histórico de primer orden. Lo preocupante es que una visita llamada a elevar el debate público termine siendo utilizada para rebajarlo, sustituyendo las preguntas incómodas por los aplausos convenientes. Cuando eso ocurre, el Papa deja de ser noticia por lo que representa y pasa a ser noticia por aquello que -inconscientemente, creemos- ayuda a ocultar.

Confiamos en que el Vicario de Cristo no haya venido a España al rescate del ALMA, aunque sus miembros puedan parecer tranquilos. Al menos por unos días.

Y en breve, El Mundial. ¡Así cualquiera!

miércoles, 3 de junio de 2026

Sevilla FC: Toda la verdad sobre la tocata y fuga de Ramos

 


03/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

Aunque respetuosa y educada, la comparecencia de Ramos ha estado tan plagada de falsedades como de medias verdades”

 

Decíamos ayer (Jaque al Sevilla FC), entre otras cosas, sobre la situación del club nervionense, que “el problema del Sevilla no es quién compra, es quién lleva demasiado tiempo sin valorar lo que posee” y anunciábamos la demoledora rueda de prensa que para la tarde tenía anunciada Sergio Ramos, en la que pretendía “dejar títere sin cabeza, tras conocer de cerca las ansias de euros y la abulia por la gestión de los actuales mandatarios”, al tiempo que nos mostrábamos tan partidarios como incrédulos de la imperiosa necesidad de un nuevo Gran Pacto por el Sevilla.

Una durísima nota de prensa por la mañana de los accionistas mayoritarios, Del Nido Benavente incluido, plagada de descalificaciones, acusándole de incumplimientos y engaños, parecía dinamitar todos los puentes de cara a un futuro acuerdo de compraventa con el ex futbolista de Camas.

Sin embargo, no fue así. Un Sergio Ramos inesperadamente conciliador apareció ante  los medios dando una versión de lo sucedido que, de momento, parecía poner de nuevo la pelota en el tejado de los potenciales vendedores.

Enemigos del “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, quienes ya están hartos de los actuales gestores, la práctica mayoría, vieron y continúan viendo en el exfutbolista de la cantera un punto de encuentro para la solución de los problemas accionariales del Sevilla FC y todavía hoy sueñan con una última llamada que reconduzca la situación. Pero no, esa situación no se va a dar.

Y no se será así porque, aunque respetuosa y educada, la comparecencia de Ramos ha estado tan plagada de falsedades como de medias verdades.

En resumen, ha explicado que, tras su nueva oferta, los accionistas del Sevilla recibirían la misma cantidad que se estipuló al principio, con alguna pequeña modificación:

Oferta inicial vigente hasta el miércoles 27 de mayo, según Ramos:

-  Ampliación de capital de 80 millones de euros.

-  Capital social a comprar: 85 %.

- Precio por acción: 3.175 euros.

- Precio a desembolsar a los vendedores: 279 millones de euros a liquidar en tres pagos: 60 % en este ejercicio, 30% en 2027 y el 10 % restante en 2028.

- Inversión total. 359 millones de euros.

Oferta posterior desde el miércoles 27 de mayo, tras recomendaciones de la LFP y sus asesores, según Ramos:

-  Ampliación de capital de 120 millones de euros antes del 30 de junio.

-  Capital social a comprar: 85 %.

- Precio por acción: 3.175 euros.

- Precio a desembolsar a los vendedores: un primer pago de entre 105 y 141 millones de euros y un segundo pago (no ha explicitado fecha) de un mínimo de 137 millones, con la garantía del Banco de Santander y otro banco internacional de primer nivel.

- Inversión total mínima: 362 millones de euros (con lo cual “los vendedores no perderían nada”, según sus palabras).

Sin embargo, la versión de los actuales propietarios sobre esta segunda oferta es bien distinta:

-  La primera disposición de los compradores en el Sevilla FC sería la anunciada y necesaria ampliación de capital de 120 millones de euros antes del 30 de junio, cantidad desmentida por la propia LFP en el mismo día de ayer. Pero, atención, con dicha ampliación los inversores conseguirían de inmediato el control del 42 % de la sociedad sin que los actuales propietarios hayan recibido un euro. A resultas de ello, la totalidad del actual capital social del Sevilla (6,2 millones de euros) se revalorizaría hasta el 58 % restante, alcanzando un teórico valor de 130 millones.

-  Capital social teórico a comprar: 85 %.

- Precio teórico por acción: 3.175 euros.

- Precio a desembolsar a los vendedores: un único pago de entre 105 y 141 millones de euros por el 18 % del nuevo capital social, que es la cantidad resultante de aplicar el 85 % que se pretende comprar al valor teórico del nuevo capital del Sevilla en manos de sus antiguos accionistas (recordemos 130 millones teóricos). Además, del segundo pago, “si te vi no me acuerdo”, pues a esas alturas los nuevos propietarios controlarían el 60 % del nuevo capital social; todo ello sumado a que las garantías ofrecidas por el Banco de Santander no pasan de ser una carta de recomendación de la mucha pasta que tiene el grupo inversor, pero que en ningún momento sirve como aval.

- Inversión total real: entre 225 y 261 millones de euros (de los cuales los vendedores solo recibirían entre 105 y 141 millones, convirtiéndose con sus ya difuminadas acciones restantes en espectadores pasivos de cuanto decidan Sergio Ramos y los suyos).

A todo ello se une lo que no ha dicho Ramos:

- Los Estatutos del Sevilla FC SAD requieren una mayoría reforzada para que puedan modificarse que se sitúa en 66,67 % del capital social presente o representado en la junta general. ¿Cuánto tardarían los nuevos propietarios, vía nueva ampliación de capital, en hacerse con ese insignificante 6,67 % y proceder a cambiar la norma por la que se rige el club? Item más, ni siquiera sería necesaria esa minúscula ampliación si se tiene en cuenta que un 10 % del accionariado sevillista nunca ha tenido presencia en la junta.

- En 2018, Accionistas Unidos impulsó una propuesta para blindar el patrimonio del club (entiéndase estadio y ciudad deportiva). Fue en la Junta General de 2022 cuando se aprobó que la transmisión de activos inmobiliarios esenciales debía ser aprobada por acciones que representen tres cuartas partas del capital social total de la sociedad. ¿Cuánto tardarían los nuevos propietarios en modificar ese porcentaje a la baja vía modificación de estatutos?

- Todo ello viene a cuento de la pregunta más interesante realizada en la rueda de prensa y que parece haber pasado desapercibida: ¿Qué hay de cierto en el interés de los nuevos inversores por la posible venta del Sánchez Pizjuán y sobre el papel que desempeñará Sergio Ramos en el club? Respuesta evasiva: “de eso  todavía no ha llegado la hora de hablar”. Con lo fácil que hubiera sido decir lo que todo el mundo esperaba, que “el Sánchez Pizjuán es sagrado y eso no se toca”. Más aún cuando la sociedad mexicana que pretende desembarcar  lleva por nombre Desarrolladora Mexicana de Inmuebles – DMI.

Con esto, casi mejor terminamos con el socorrido “no hay más preguntas, señoría”.

No sigan, no continuemos, por tanto, soñando con una reconciliación entre las partes y en un Sergio Ramos en el sillón que ocupó don Ramón Sánchez Pizjuán.

Mientras el camero se ha dado a la fuga caballerosamente, sigamos soñando con que esta afición, como decíamos ayer, sea capaz, como ya ha demostrado, de revertir la situación del Grande del Sur de España.

¡Somos el sevillismo… !

martes, 2 de junio de 2026

Jaque al Sevilla FC

 


02/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 “El problema del Sevilla no es quién compra, es quién lleva demasiado tiempo sin valorar lo que posee”

 El pasado 24 de mayo (“Sevilla FC: vender es lo fácil; unirse sería el verdadero acto de sevillismo”) tuvimos ocasión de referirnos a la situación por la que pasa el club más laureado del Sur de España: en venta al mejor postor… y abandonado por sus dueños.

Hay algo profundamente enigmático en la tragedia de la institución nervionense: un club gigantesco gestionado como una comunidad de vecinos en guerra permanente. Un equipo con siete Europas League, una afición monumental y una historia que de codearse con los grandes de Europa se ha reducido hoy a una mezcla tóxica de litigios, venganzas personales y balances financieros dignos de una partida de Monopoly jugada por despiadados enemigos en plena madrugada.

El Sevilla vive una crisis deportiva que, con ser enorme, no es lo que más preocupa. Vive algo peor: una crisis moral de identidad generada por las diferencias, contiendas y querellas de sus propietarios mayoritarios.

El dato retrata el disparate con precisión quirúrgica: el capital social del club apenas supera los 6,2 millones de euros (103.467 acciones de sesenta euros de valor nominal cada una de ellas). Algo más de seis millones. Una cifra que en el fútbol moderno no llega para alcanzar la ficha de un lateral mediocre uruguayo con vídeos espectaculares en YouTube y dos rodillas bajo sospecha. Sin embargo, los grandes accionistas -que controlan alrededor del 80 % de la entidad, tras recomprar al alza a miles de pequeños accionistas- continúan en la pretensión de colocar ese porcentaje del club al mejor postor por unos 400 millones de euros, obteniendo, según se ha publicado, una plusvalía cuya cifra se aproxima al resultado de multiplicar el valor de las acciones en origen por 80 (4.800 euros por título), si bien otras fuentes absolutamente fiables limitan el resultado a 3.400 euros por acción, con un coeficiente multiplicador, tampoco despreciable, del 56,66.

No se entiendan estas cuentas a grosso modo como sagradas e inatacables, pues los grandes poseedores, para serlo -salvo una familia sin necesidades en ese aspecto- han invertido cantidades ingentes en créditos para obtener acciones a precio muy superiores al nominal. Circunstancia ésta que también ha dejado su rastro en forma de pignoraciones y embargos en muchos de los títulos presentados a los compradores.

Esto, por tanto, no es una operación financiera. Esto es el pelotazo definitivo para ellos y para toda su prole en unas cuantas generaciones. Es el sueño húmedo del capitalismo casposo: comprar barato, heredar caro, pelearse durante años y, cuando el edificio ha resultado arruinado por las agresiones continuas a sus cimientos de los obligados a su mantenimiento, intentar venderlo como si fuera el Sánchez Pizjuán con vistas a Central Park.

Lo verdaderamente fascinante no es la cifra. Lo absolutamente extraordinario es el milagro político de la miseria humana que ha producido semejante expectativa económica: los mismos grupos accionariales que llevan años atacándose mutuamente y destruyendo al club, descubrieron de repente las virtudes del consenso cuando apareció la posibilidad de llenar sus bolsillos. Ahí sí hubo unidad. Para gestionar el Sevilla, no. Para construir un proyecto sólido, tampoco. Para proteger el prestigio bien ganado del club, menos aún.

Porque el deterioro deportivo no aparece por generación espontánea. Cuando los dirigentes convierten el club en un campo de batalla societario, la decadencia termina bajando al césped. Se cobra de diez por malgestionar, se despide mal, se ficha peor, se improvisa constantemente y se transmite una imagen institucional impropia de una entidad que hace menos de un lustro levantaba títulos continentales con una naturalidad insultante.

El sevillista, mientras tanto, contempla la situación atrapado entre la rabia y la impotencia. Porque la afición sí ha entendido algo elemental desde antes de su conversión en sociedad anónima: el Sevilla no puede ser un simple activo financiero. No es una promotora inmobiliaria ni una empresa tecnológica esperando una oferta de compra. Es una institución más que centenaria sostenida emocionalmente por cientos de miles de personas que han heredado el sentimiento como se hereda un apellido y a la que los actuales dirigentes le han dado jaque en su demencial partida ajedrecista.

Porque la famosa operación de venta, que algunos daban casi por hecha, ha desembocado en una ruptura absoluta, tras ir mostrando síntomas constantes de desinflarse. Y se ha llegado aquí tal vez porque los posibles compradores han descubierto algo obvio: no basta con adquirir acciones, que parece ser lo único importante para la mayoritaria; más necesario aún es inflar las arcas para la supervivencia más inmediata. Sin olvidar que también han debido sentir en el cogote la dificultad de la parte sentimental de la que nadie habla y que en el Sevilla FC es historia por sí sola: la herencia de un clima irrespirable, de una estructura enfrentada y de una afición agotada de promesas incumplidas, pero extraordinariamente temible cuando de defender su escudo se trata.

Para los propietarios actuales -¡sálvese quien pueda!- el club parece haberse convertido únicamente en una cifra. Y, de momento, tanta ambición no les ha salido bien, tanto que Sergio Ramos, cabeza visible de los ofertantes, anuncia para hoy una rueda de prensa en la que pretende dejar títere sin cabeza, tras conocer de cerca las ansias de euros y la abulia por la gestión de los actuales mandatarios.

El problema no es solo económico. El problema es la ausencia absoluta de grandeza de los dirigentes actuales que lo único que han evidenciado es que, tras años de riñas tabernarias, se han puesto de acuerdo para pegar el pelotazo en cinco minutos. Y tras el portazo inversor, continúan mostrándose incapaces de apartar cuitas personales para realizar un nuevo Gran Pacto por el Sevilla, lo que sigue pareciendo imposible cuando todos parecen tener en la mirada el símbolo del dólar al estilo del Tío Gilito.

Llegado a este punto, podría esperarse un gesto mínimo de responsabilidad histórica. Aparcar demandas. Rebajar tensiones. Construir una paz institucional. Pensar en el Sevilla antes que en el paquete accionarial. Actuar como custodios temporales de un patrimonio colectivo y no como corredores de bolsa en una subasta de activos volátiles y acciones especulativas, a la espera de tiempos más sosegados.

Al tiempo, las asociaciones más representativas de la afición pretenden salir al rescate a través de tres medidas tan dignas como -al menos dos de ellas- quiméricas, que resumen en:

1. Reprobación, dimisión y cese del actual Consejo de Administración, convocando una junta general extraordinaria.

2. Consejo de salvación unitario y consensuado.

3. Ampliación de capital con exclusión del derecho de suscripción preferente.

El Sevilla no está actualmente para grandes proclamas al estilo del periodo 1995-1997. Entonces el sevillismo de base, antes de la compra desaforada de acciones, controlaba una parte importante de su capital y sus decisiones se veían reflejadas de alguna manera en los órganos de gobierno del club, lo que sin duda contribuyó a la estabilidad.

El único punto todavía alcanzable, que coincide con este pregón, debiera ser la consecución de lo establecido en el punto 2, pero sin necesidad de una convocatoria extraordinaria de junta general, sencillamente porque en las sociedades anónimas (también en las deportivas) manda el dinero por encima del sentimiento.

Sí serían trascendentes, al estilo de aquel 2 de agosto del que el pasado año se cumplieron 30 años, las movilizaciones en la calle, no solo del sevillismo, sino del conjunto de la sociedad que incluye al gobierno local (políticos y autoridades), los empresarios, los medios de comunicación y los líderes sociales o comunitarios, como entonces ocurrió. En definitiva, representantes de corporaciones sevillanas que, ante la gravedad de la situación, sean capaces de apiñar a los que tienen el poder para conseguir esa nueva conjunción de fuerzas en el órgano de gobierno sevillista.

Si no lo conseguimos, el Sevilla seguirá atrapado en la misma guerra de egos donde todos aseguran -aseguramos- amar al club mientras contribuyen -contribuimos- diariamente a empequeñecerlo.

Y esa es quizá la tragedia más dolorosa: en Nervión no falta grandeza deportiva, lo que escasea dramáticamente es grandeza humana en los despachos. El problema del Sevilla no es quién compra, es quién lleva demasiado tiempo sin valorar lo que posee.

El Sevilla no está arruinado por falta de historia, ni de masa social, ni de potencial. Está bloqueado por quienes deberían protegerlo y el sevillismo está llamado otra vez a “dejar las cosas en su sitio”.

¿Habrá mate final o esta afición será capaz de revertir la situación en pos de unas tablas que hoy parecen imposibles?

¡Somos el sevillismo… !