lunes, 6 de julio de 2026

De “¡A las barricadas!” al "¡Hala Madrid!"

 


Hay imágenes que desafían toda lógica. Un vegano inaugurando una cadena de asadores. Un ecologista presumiendo de su colección de todoterrenos de doce cilindros. Un anarquista pidiendo más burocracia. Y, en esa misma categoría de paradojas, aparece el militante de izquierdas, el socialista convencido, el azote del capitalismo... celebrando los goles del Real de Madrid.

Porque una cosa es separar deporte y política y otra muy distinta es hacer desaparecer la realidad agitando la bufanda.

El discurso suele ser impecable de lunes a viernes: hay que combatir los privilegios, redistribuir la riqueza, limitar el poder de las grandes corporaciones, poner freno a los monopolios, defender a los débiles frente a los fuertes y desconfiar de quienes siempre ganan porque juegan con ventaja. Pero llega el sábado y el mismo ciudadano se transforma. Guarda el manifiesto, se enfunda la camiseta blanca y comienza a animar con entusiasmo a la mayor multinacional futbolística del planeta. Al club que factura cientos de millones, que convierte cada verano el mercado de fichajes en una exhibición de músculo financiero y cuya marca vale más que el PIB de algunos pequeños países.

De pronto, el monopolio deja de ser un problema, la concentración de riqueza ya no indigna, el poder económico se convierte en “una gestión ejemplar” y el apabullante dominio de los grandes sobre los pequeños se justifica con el tan socorrido “ADN ganador”. Milagros de la pasión futbolística.

Resulta fascinante observar cómo algunos descubren que el capitalismo es insoportable... salvo cuando viste de blanco.

El Real de Madrid, merecidamente, representa casi todo aquello que la izquierda suele denunciar cuando cambia el balón por el boletín oficial. Es éxito acumulado, músculo financiero, influencia institucional, capacidad para atraer a las mayores estrellas, patrocinadores globales, poder mediático y una marca convertida en icono del mercado mundial.

Sin embargo, ahí están cientos de miles de militantes del progretariado celebrando cada victoria como si acabaran de derrotar al capitalismo... cuando, en realidad, están aplaudiendo, si no la que más, una de sus expresiones más exitosas.

Si el Real de Madrid fuera una mercantil dedicada a fabricar teléfonos móviles, gestionar autopistas o explotar plataformas digitales, la práctica totalidad de esos mismos aficionados pedirían dividirla por abuso de posición dominante. Pero… juega al fútbol y resplandece el argumento definitivo: “El fútbol no tiene nada que ver con la política”.

Sin embargo, el fútbol sí tiene relación con la política cuando hay que denunciar racismo, homofobia, violencia, discriminación, corrupción, desigualdad salarial o derechos laborales y descubrimos que el deporte es un extraordinario instrumento de transformación social. Pero deja misteriosamente de tener contenido político cuando se evidencia que el club más poderoso del mundo simboliza precisamente la concentración de recursos y prestigio que los mismos critican en otros ámbitos.

Se consigue así, para seguir tirando, una selectiva desconexión ideológica: algo parecido a defender la sanidad pública mientras se presume de seguro privado exclusivo, o criticar la especulación inmobiliaria desde el ático adquirido gracias a ella.

La pasión futbolística tiene una virtud extraordinaria: consigue que personas extremadamente coherentes en casi todos los aspectos de su vida suspendan voluntariamente el pensamiento crítico durante noventa minutos. Y no pasa nada. Todos tenemos contradicciones, pero Pablo Iglesias, gracias, nos enseña a cabalgarlas.

Porque el problema no es ser de izquierdas y del Real de Madrid. El problema es fingir eternamente que no existe ninguna tensión entre ambos ideales. Se puede ser socialista y madridista, igual que se puede ser vegetariano y disfrutar del aroma de una parrillada. La libertad consiste precisamente en eso. Lo que resulta más difícil es sostener, sin que aparezca una sonrisa irónica, que el club más poderoso, más rico, más influyente y más globalizado del fútbol mundial representa la lucha de los débiles frente a los fuertes.

Hay contradicciones humanas, cierto, y luego está cantar “¡Hala Madrid!” después de haber pasado la semana denunciando las injusticias del capitalismo entonando puño en alto “¡A las barricadas!”. Ésta ya pertenece a una categoría superior: la de las acrobacias ideológicas con balón de cuero.

martes, 30 de junio de 2026

Oposiciones y cuarto turno: del mérito a la excepción

 


30/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“La España de hace casi siglo y medio parece haber comprendido mejor que la de hoy que la independencia judicial comienza mucho antes de dictar una sentencia; empieza con la forma en que se accede al estrado”

 

Hay reformas que pretenden modernizar las instituciones y que, paradójicamente, las hacen retroceder. La modificación del artículo 311 de la Ley Orgánica del Poder Judicial promovida por este gobierno eternamente en el alambre -a base de equilibrios solo posibles desde el amor a la poltrona, por un lado, combinado con un “me lo llevo y pa la saca”, del otro- constituye uno de esos casos en los que, bajo el lenguaje de la apertura, la modernidad y la diversificación, se erosiona el principal de los pilares sobre los que históricamente se ha asentado la independencia judicial: la acreditación objetiva del mérito y la capacidad.

Es el caso del denominado cuarto turno, la vía por la que juristas de reconocida competencia arriban a la categoría de magistrado. Y es que, para el acceso, hasta ahora, el sistema exigía, además de una dilatada experiencia profesional, la superación de pruebas selectivas y la formación específica correspondiente. Con la pretendida reforma se eliminaría la necesidad de superar exámenes en determinados supuestos, sustituyéndola por una valoración de currículums… a saber cuáles.

Esta medida supone, como tantas otras suscritas por este gobierno experto en descapitalizar el mérito, una ruptura con una tradición jurídica española que, con distintas formulaciones, ha permanecido invariable durante casi siglo y medio.

La Ley de 19 de agosto de 1885, aprobada durante la Restauración, concibió el acceso a las categorías judiciales superiores como una combinación entre antigüedad, experiencia y manifiesta aptitud. Incluso en aquella España decimonónica, muy alejada de los estándares democráticos actuales, el legislador entendía que la incorporación a la judicatura no podía descansar únicamente en el prestigio profesional o en la discrecionalidad de quienes nombraban, antes bien el futuro juez debía acreditar públicamente su competencia.

Ya un siglo después, la tan debatida como polémica Ley Orgánica 6/1985, del Poder Judicial, con Fernando Ledesma al aparato, estableció como núcleo del procedimiento el concurso de méritos y no la oposición libre: el artículo 311, ahora nuevamente amenazado, estableció que una de cada cuatro vacantes de magistrado se cubriría entre juristas de reconocida competencia con más de diez años de ejercicio profesional. El propio Felipe González, con la reforma 1994, abjuró de su idea inicial y comenzó a fachear, reintroduciendo una -vaga- prueba de especialización para abandonar el modelo de puro concurso de méritos que él mismo había santificado nueve años antes.

A pesar de las críticas de los conservadores, no fue hasta 2004, nueve años después de su llegada al poder y apenas -11M mediante- tres meses antes de entregar la cuchara a un ZP, por entonces perito en bisutería, cuando Aznar introdujo como requisito para el acceso al cuarto turno la superación de un curso de formación.

Curiosamente, el ahora experto en rubíes, esmeraldas, diamantes y cajas fuertes, salvo las previsiones referidas a las lenguas oficiales de las Comunidades Autónomas o al Derecho Civil propio, obligadas por el independentismo, no tocó ni una coma de la reforma de Aznar en este apartado y solo Rajoy se atrevió en 2015, manteniendo la superación del curso de formación, a reservar un tercio de las vacantes de ese cuarto turno a miembros del Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia de primera o segunda categoría, lo que, sin duda, reforzaba los tan aludidos conceptos de mérito y la capacidad.

Con la reforma de 2018, un Pedro Sánchez más que prudente por entonces, se limitó a ampliar a los órdenes civil y penal y en las materias mercantil y de violencia sobre la mujer, la posibilidad de acceso a los miembros de la Carrera Judicial con categoría de magistrado, sin afectar a los fundamentos del cuarto turno.

Es ahora, en su continua huida hacia adelante, obligado por las decenas de casos de corrupción que acosan a su entorno y a él mismo, cuando, de prisa y corriendo, monta una reforma global del acceso a la judicatura, que prevé un macro refuerzo del cuarto turno “para cubrir necesidades estructurales”, convocándolo de forma simultánea al turno libre y con el consiguiente aumento del peso de la institución en el conjunto de la magistratura.

Si la reforma sale adelante, supondrá el mayor impulso al cuarto turno desde la reforma socialista de 1994, que fue, como se dijo, la que transformó definitivamente el modelo original de 1985 basado en un puro concurso de méritos.

La novedad de la reforma en ciernes no es, per se, la existencia o reforma del cuarto turno, institución asentada desde hace décadas, como se ha visto, sino la pretensión de que algunos aspirantes puedan incorporarse a la carrera judicial sin haber superado examen alguno. Ni la legislación liberal del siglo XIX, ni la Restauración, ni la Segunda República, ni el Franquismo, ni la democracia constitucional habían llegado tan lejos.

Porque si algo comprendieron los legisladores de 1885 era que la independencia judicial no se garantiza únicamente mediante declaraciones solemnes, sino también evitando que el acceso a la carrera dependa de valoraciones subjetivas.

La exaltación contemporánea de los méritos curriculares frente a las pruebas objetivas presenta, además, una curiosa inversión histórica: los que algunos califican hoy como un sistema “anticuado”, la exigencia de superar exámenes, era considerado por los reformadores liberales del siglo XIX un instrumento de modernización frente a los antiguos privilegios y recomendaciones personales; en definitiva, una garantía contra el clientelismo.

Por ello resulta llamativo que, siglo y medio después, sea precisamente el legislador democrático quien se aparte de un principio que los liberales de la Restauración consideraban esencial para construir una Administración de Justicia profesional e independiente.

Nadie discute que abogados, profesores universitarios, o letrados de la Administración de Justicia posean conocimientos y experiencia suficientes para enriquecer la carr
era judicial. La cuestión es otra: si quienes van a ejercer la potestad jurisdiccional deben acreditar esos conocimientos mediante procedimientos objetivos o si basta con la valoración de sus méritos profesionales. La respuesta que España había dado desde 1885 hasta nuestros días se decantaba claramente por la primera. La reforma actual altera ese consenso histórico, encumbrando a la segunda.

Quizá por eso resulte inevitable una conclusión incómoda: en este punto concreto, la España de hace casi siglo y medio parece haber comprendido mejor que la de hoy que la independencia judicial comienza mucho antes de dictar una sentencia; empieza con la forma en que se accede al estrado.


viernes, 19 de junio de 2026

El irresistible encanto del (vil) metal para el progretariado patrio

 


19/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

Se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce

Dicen -y todavía hay incautos que se lo creen- que el socialismo nació para repartir la riqueza. Sin embargo, a juzgar por algunas querencias históricas, no cabe duda de que ciertas figuras del PSOE siempre han mostrado una atracción especialmente expropiatoria hacia el amarillo. Hay quien colecciona sellos, quien se apasiona por los bonsáis y quien siente una irresistible sugestión por las joyas, los lingotes y demás contenido brillante custodiado en las cajas fuertes.

Ahora que José Luis Rodríguez Zapatero sigue paseándose por medio mundo con la seguridad de un estadista jubilado que nunca se jubiló del todo, resulta inevitable que a los buenos aficionados a la historia se les despierten los recuerdos. Porque, a fin de cuentas, el PSOE posee una tradición tan rica en congresos, escisiones y puñaladas fraternales como en leyendas relacionadas con apropiaciones indebidas y mangazos de tesoros.

No, no es la primera vez que dirigentes socialistas españoles se ven rodeados por el resplandor de las piedras preciosas. En los años finales de la Guerra Civil, cuando el régimen prosoviético felizmente expiraba y todo era confusión, el patrimonio custodiado por el estado fallido y las joyas depositadas por miles de particulares en las cajas del Banco de España emprendieron caminos en paralelo -¡qué casualidad, José Luis!- con los destinos de los exiliados. Unas acabaron en Francia, otras en México y otras en la nebulosa de las memorias contradictorias o, directamente, acalladas.

Valga como ejemplo que el 28 de febrero de 1939, el Vita, patroneado por un grupo de carabineros españoles leales a Negrín, partió del puerto francés de El Havre, con la orden de anclar en el puerto mexicano de Veracruz, acarreando 120 maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones, cuyos bienes muebles estaban constituidos por obras de arte de colecciones privadas y sobre todo por grandes cantidades de joyas y metales preciosos. Aquel episodio tuvo su fratricida continuación ya en tierras conquistadas por Hernán Cortés, donde las instituciones socialistas expatriadas, encabezadas por los archienemigos Juan Negrín e Indalecio Prieto, los administraron con un entusiasmo digno del conspicuo ZP. Las acusaciones más sonoras sobre cómo se embolsicaron los bienes y las joyas no procedieron precisamente de sus enemigos, sino de ellos mismos. Prieto lanzó invectivas contra los negrinistas y los estos contraatacaron con entusiasmo.

Noventa años después, los tiempos deberían haber cambiado, pero ciertas inclinaciones parecen resistirse a desaparecer. Ya no se trata de baúles rumbo a Veracruz ni de inventarios redactados a toda prisa, sino de una fascinación más sofisticada por las compañías distinguidas, los regímenes amigos y las relaciones con personajes de cartera generosa.

En estas aparece Zapatero, transitando por los escenarios internacionales con una desenvoltura que habría hecho las delicias de los viejos caciques liberales. Si antaño los dirigentes socialistas soñaban con la revolución proletaria mientras se apoderaban de tesoros ajenos, hoy las fotografías se las hacen con jeques, empresarios, magnates y mandatarios varios al tiempo que reciben tesoros no declarados. El puño en alto ha sido sustituido por el apretón de manos y el traje de pana por el traje a medida, pero las piedras preciosas entonces y hoy eran la meta.

Cambian los discursos, cambian las consignas y cambian los enemigos del pueblo, pero permanece intacta esa antigua pasión española por los tesoros de la que los socialistas no reniegan. El socialismo español ha conservado intacta una admirable virtud: la capacidad de reinventarse sin perder jamás cierto aprecio por el precioso resplandor. Debe de ser una cuestión estética. Al fin y al cabo, las joyas tienen algo irresistible: reflejan la luz. Y se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce.

En resumen, el progretariado patrio, aún viéndolo comparecer como imputado ante el Juzgado Central de Instrucción número 4, sigue encandilado con su ZP del alma, ese probo socialista, como todos, “normalmente pobre y siempre dispuesto a dar mucho”. ¡País!

viernes, 12 de junio de 2026

¿Un Papa al rescate del ALMA?

 


12/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

“El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada”

Para los cristianos, Jesucristo vino al rescate definitivo del alma, ofreciendo su vida en la Cruz como el precio para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte.

La visita de León XIV a España está siendo, para millones de católicos, una ocasión de alegría, esperanza y renovación espiritual. No podía ser de otra manera. La presencia del Sucesor de Pedro siempre constituye un acontecimiento que trasciende la política y recuerda a los creyentes que la Iglesia pertenece a una dimensión más alta que las disputas partidistas. Precisamente por ello resulta llamativo observar cómo determinados sectores políticos y mediáticos han aprovechado la visita para construir un inmenso paréntesis informativo alrededor de los escándalos que afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y al partido que mayoritariamente lo sostiene.

Pareciera que, por unos días, todas las controversias han desaparecido. Las investigaciones, las sospechas, los escándalos y las incómodas preguntas que rodean a distintas figuras del entorno gubernamental han quedado relegadas a un discreto segundo o tercer plano. El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada. De pronto, la conversación nacional pareció dejar de girar alrededor de las dificultades del sanchismo para concentrarse en las imágenes, discursos y gestos del Pontífice.

La paradoja es que ni siquiera algunas de las posiciones doctrinales tradicionalmente defendidas por la Iglesia parecieron incomodar a quienes normalmente las combaten con mayor intensidad. Si el Papa recordó la defensa de la vida o expresó reservas frente a determinadas prácticas que forman parte del consenso progresista contemporáneo, tales afirmaciones fueron recibidas, por el ALMA, con una indulgencia sorprendente. Quienes no suelen mostrar especial simpatía -más bien todo lo contrario- por la moral católica parecen hoy dispuestos a ofrecer la otra mejilla, a perdonarlo todo. El motivo es evidente: la visita del Prevost madridista les está proporcionando, además de blanco, blanquísimo, un valioso balón de oxígeno político y mediático.

La imagen más representativa es la del entusiasmo institucional desplegado alrededor de la presencia papal. El mismo sistema político que acostumbra a mirar con distancia, cuando no con abierta hostilidad, a muchas posiciones de la Iglesia, se ha entregado a una exaltación casi unánime capaz de dejar en pañales Las Moradas de la santa de Ávila. El ALMA ha encontrado así su razón de ser: la capacidad de adaptar el discurso a las necesidades del momento, incluso cuando ello exija aplaudir, por más de siete minutos, aquello que normalmente se critica (como la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural) y que volverá a criticarse en cuanto el Pontifex Maximus aterrice en Fiumicino.

Por supuesto que también llama la atención el itinerario elegido. La visita al Monasterio de Montserrat, vinculado desde finales del XIX con el movimiento separatista conservador, se ha pretendido mostrar como símbolo de encuentro y espiritualidad, ocultando otras connotaciones o no poniendo el mismo énfasis en las sombras que también han afectado al histórico santuario, incluidas las derivadas de los casos de abusos denunciados. El contraste entre la atención concedida a unos asuntos y el silencio sobre otros alimenta inevitablemente la sospecha de que la gestión de la memoria histórica continúa dependiendo más de la utilidad política que de la búsqueda de la verdad.

Lo contrario ocurre con la ausencia de la visita al Valle de los Caídos solicitada por miles de personas. Para el ALMA, la decisión es absolutamente lógica ya que evita entrar en un terreno de permanente confrontación ideológica. Contrariamente, para una parte de los no ateneístas, constituye una oportunidad perdida para reivindicar el significado reconciliador que atribuyen al monumento. Quienes sostienen esta última visión recuerdan que fue concebido como un lugar destinado a superar las heridas de la Guerra Civil, incluida la persecución religiosa de los años treinta, el mayor genocidio después de la Vendée. Desde esa perspectiva, la ausencia solo puede ser interpretada como una concesión innecesaria -otra- a las sensibilidades políticas dominantes.

Queda claro que el verdadero debate no está girando en torno al Papa, sino al uso que se hace de su figura. León XIV no necesita rescatar a ningún gobierno ni respaldar a ningún partido. Su misión es otra. Son los actores políticos y mediáticos quienes intentan convertir una visita pastoral en una operación de comunicación. Y es ahí donde el ALMA encuentra su campo de actuación favorito: transformar cualquier acontecimiento en una ocasión para la lisonja activa y la suspensión temporal, ya casi perenne, del espíritu crítico de una sociedad cada vez más consciente de los desmanes de este gobierno.

Los católicos tienen motivos legítimos para alegrarse de la presencia del Pontífice. Los no creyentes pueden contemplarla con respeto como un acontecimiento cultural e histórico de primer orden. Lo preocupante es que una visita llamada a elevar el debate público termine siendo utilizada para rebajarlo, sustituyendo las preguntas incómodas por los aplausos convenientes. Cuando eso ocurre, el Papa deja de ser noticia por lo que representa y pasa a ser noticia por aquello que -inconscientemente, creemos- ayuda a ocultar.

Confiamos en que el Vicario de Cristo no haya venido a España al rescate del ALMA, aunque sus miembros puedan parecer tranquilos. Al menos por unos días.

Y en breve, El Mundial. ¡Así cualquiera!

miércoles, 3 de junio de 2026

Sevilla FC: Toda la verdad sobre la tocata y fuga de Ramos

 


03/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

Aunque respetuosa y educada, la comparecencia de Ramos ha estado tan plagada de falsedades como de medias verdades”

 

Decíamos ayer (Jaque al Sevilla FC), entre otras cosas, sobre la situación del club nervionense, que “el problema del Sevilla no es quién compra, es quién lleva demasiado tiempo sin valorar lo que posee” y anunciábamos la demoledora rueda de prensa que para la tarde tenía anunciada Sergio Ramos, en la que pretendía “dejar títere sin cabeza, tras conocer de cerca las ansias de euros y la abulia por la gestión de los actuales mandatarios”, al tiempo que nos mostrábamos tan partidarios como incrédulos de la imperiosa necesidad de un nuevo Gran Pacto por el Sevilla.

Una durísima nota de prensa por la mañana de los accionistas mayoritarios, Del Nido Benavente incluido, plagada de descalificaciones, acusándole de incumplimientos y engaños, parecía dinamitar todos los puentes de cara a un futuro acuerdo de compraventa con el ex futbolista de Camas.

Sin embargo, no fue así. Un Sergio Ramos inesperadamente conciliador apareció ante  los medios dando una versión de lo sucedido que, de momento, parecía poner de nuevo la pelota en el tejado de los potenciales vendedores.

Enemigos del “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, quienes ya están hartos de los actuales gestores, la práctica mayoría, vieron y continúan viendo en el exfutbolista de la cantera un punto de encuentro para la solución de los problemas accionariales del Sevilla FC y todavía hoy sueñan con una última llamada que reconduzca la situación. Pero no, esa situación no se va a dar.

Y no se será así porque, aunque respetuosa y educada, la comparecencia de Ramos ha estado tan plagada de falsedades como de medias verdades.

En resumen, ha explicado que, tras su nueva oferta, los accionistas del Sevilla recibirían la misma cantidad que se estipuló al principio, con alguna pequeña modificación:

Oferta inicial vigente hasta el miércoles 27 de mayo, según Ramos:

-  Ampliación de capital de 80 millones de euros.

-  Capital social a comprar: 85 %.

- Precio por acción: 3.175 euros.

- Precio a desembolsar a los vendedores: 279 millones de euros a liquidar en tres pagos: 60 % en este ejercicio, 30% en 2027 y el 10 % restante en 2028.

- Inversión total. 359 millones de euros.

Oferta posterior desde el miércoles 27 de mayo, tras recomendaciones de la LFP y sus asesores, según Ramos:

-  Ampliación de capital de 120 millones de euros antes del 30 de junio.

-  Capital social a comprar: 85 %.

- Precio por acción: 3.175 euros.

- Precio a desembolsar a los vendedores: un primer pago de entre 105 y 141 millones de euros y un segundo pago (no ha explicitado fecha) de un mínimo de 137 millones, con la garantía del Banco de Santander y otro banco internacional de primer nivel.

- Inversión total mínima: 362 millones de euros (con lo cual “los vendedores no perderían nada”, según sus palabras).

Sin embargo, la versión de los actuales propietarios sobre esta segunda oferta es bien distinta:

-  La primera disposición de los compradores en el Sevilla FC sería la anunciada y necesaria ampliación de capital de 120 millones de euros antes del 30 de junio, cantidad desmentida por la propia LFP en el mismo día de ayer. Pero, atención, con dicha ampliación los inversores conseguirían de inmediato el control del 42 % de la sociedad sin que los actuales propietarios hayan recibido un euro. A resultas de ello, la totalidad del actual capital social del Sevilla (6,2 millones de euros) se revalorizaría hasta el 58 % restante, alcanzando un teórico valor de 130 millones.

-  Capital social teórico a comprar: 85 %.

- Precio teórico por acción: 3.175 euros.

- Precio a desembolsar a los vendedores: un único pago de entre 105 y 141 millones de euros por el 18 % del nuevo capital social, que es la cantidad resultante de aplicar el 85 % que se pretende comprar al valor teórico del nuevo capital del Sevilla en manos de sus antiguos accionistas (recordemos 130 millones teóricos). Además, del segundo pago, “si te vi no me acuerdo”, pues a esas alturas los nuevos propietarios controlarían el 60 % del nuevo capital social; todo ello sumado a que las garantías ofrecidas por el Banco de Santander no pasan de ser una carta de recomendación de la mucha pasta que tiene el grupo inversor, pero que en ningún momento sirve como aval.

- Inversión total real: entre 225 y 261 millones de euros (de los cuales los vendedores solo recibirían entre 105 y 141 millones, convirtiéndose con sus ya difuminadas acciones restantes en espectadores pasivos de cuanto decidan Sergio Ramos y los suyos).

A todo ello se une lo que no ha dicho Ramos:

- Los Estatutos del Sevilla FC SAD requieren una mayoría reforzada para que puedan modificarse que se sitúa en 66,67 % del capital social presente o representado en la junta general. ¿Cuánto tardarían los nuevos propietarios, vía nueva ampliación de capital, en hacerse con ese insignificante 6,67 % y proceder a cambiar la norma por la que se rige el club? Item más, ni siquiera sería necesaria esa minúscula ampliación si se tiene en cuenta que un 10 % del accionariado sevillista nunca ha tenido presencia en la junta.

- En 2018, Accionistas Unidos impulsó una propuesta para blindar el patrimonio del club (entiéndase estadio y ciudad deportiva). Fue en la Junta General de 2022 cuando se aprobó que la transmisión de activos inmobiliarios esenciales debía ser aprobada por acciones que representen tres cuartas partas del capital social total de la sociedad. ¿Cuánto tardarían los nuevos propietarios en modificar ese porcentaje a la baja vía modificación de estatutos?

- Todo ello viene a cuento de la pregunta más interesante realizada en la rueda de prensa y que parece haber pasado desapercibida: ¿Qué hay de cierto en el interés de los nuevos inversores por la posible venta del Sánchez Pizjuán y sobre el papel que desempeñará Sergio Ramos en el club? Respuesta evasiva: “de eso  todavía no ha llegado la hora de hablar”. Con lo fácil que hubiera sido decir lo que todo el mundo esperaba, que “el Sánchez Pizjuán es sagrado y eso no se toca”. Más aún cuando la sociedad mexicana que pretende desembarcar  lleva por nombre Desarrolladora Mexicana de Inmuebles – DMI.

Con esto, casi mejor terminamos con el socorrido “no hay más preguntas, señoría”.

No sigan, no continuemos, por tanto, soñando con una reconciliación entre las partes y en un Sergio Ramos en el sillón que ocupó don Ramón Sánchez Pizjuán.

Mientras el camero se ha dado a la fuga caballerosamente, sigamos soñando con que esta afición, como decíamos ayer, sea capaz, como ya ha demostrado, de revertir la situación del Grande del Sur de España.

¡Somos el sevillismo… !