(El vídeo de nuestras vidas)
10 de mayo de 2006.
Llegábamos a Eindhoven con tanta ilusión (esa final no se nos podía
escapar) como cautela basada en el recuerdo de algo más de media centuria
tan cicatera como plena de mediocridad; mediocridad que ya quisieran otros
en sus bagajes. Y pasó el partido, vaya si pasó y vaya cómo pasó. Tras el
partido de nuestras vidas, regresamos preguntándonos: ¿Y ahora qué?
¿Que ahora qué? Aunque ya nada se parecería a
aquello, llegó Mónaco y después Glasgow
y el Bernabéu de la Villa y Corte y el Campo Nuevo de la Ciudad Condal y
vino Turín y llegó Varsovia y vino Basilea...
Sabedor de las enormes distancias con
cualquier vecino que pretendiera empatarme, pese a doblar por
entonces la cuenta en quilates de las respectivas vitrinas y habiendo
escuchado aquello tan socorrido de "¿tú has visto al Sevilla ganar algo?", revalidé cum laude y para
siempre -con fundamentos inalcanzables para los eternos aspirantes- el acierto en
la elección.
Comenzamos esta aventurilla unos meses antes, el
Día del
Centenario, el 14 de octubre de 2005, por entonces el socio número 1.424. Ahora, con
el
925 y casi tres lustros después, ha llegado el momento de que, tanto este
sitio, como otro que, en paralelo, he venido administrando (http://opinandosincomplejos.blogspot.com/), "duerman el sueño de los
justos", instante -coincidente con otros motivos profesionales- en el que ya deja de tener sentido
(si alguna vez lo tuvo) poner negro sobre blanco lo evidente: las diferencias siderales entre el Grande del Sur de
España, el Sevilla FC, y cualquier otro
aspirante al sur de la capital de España que pretenda hacerle sombra.
En
definitiva, se abre una nueva etapa, la de pasar del "enseñar al que no
sabe" al cariñoso "amigo mío, cuéntame
otra batallita... de esas de las tuyas".
¿Volveré? Qui le sait!
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