31/03/25. Mi colaboración de
ayer en Sevillainfo
“Sigo sin imaginarme oír de boca del gallego
aquello de ‘mopongo’”
Tendría
su gracia si la artista fuera
graciosa en lugar de graciosilla y si, alamismavé
y obviando las habituales, extravagantes y zafias muecas desde su escaño, no destacara
como la ministra “sobresaliente cum laude” que más patadas por minuto viene dando
al Diccionario de la Lengua Española, lo que ya es meritorio teniendo tan cerca
a Yolanda y Pilar.
Todo
apunta (ya lo contó hace dos años y
medio) que el recurrente chiste
puesto en escena de nuevo ayer en Málaga, en el enésimo acto de los socialistas
en pos de dar lustre al chiringuito andaluz en el que se refocilaron durante
cuatro décadas, no fue sino una tosca y torpe expresión de la protagonista que
un avispado asesor monclovita -del más de medio millar a su servicio- supo cosechar
para solaz de los propios, eso sí cambiando de comediantes. Así, lo que sin
duda alguna vez soltó Marixu por esa
boquita, se lo endiñan ahora a Feijóo y asunto arreglado.
Sin
embargo, justo es reconocerlo, algo ha aprendido, pues en aquel septiembre de
2022, cuando se refirió por primera vez al líder popular como “el señor Mopongo”,
incurrió en un desliz xenófobo de los que solo se le perdonan a la progresía: “Feijóo es el señor ‘Mopongo’, y no es que
venga de África, es que es ‘ponga usted una propuesta’, que yo mopongo. Da igual lo que usted diga, yo,
mopongo” (disculpen el embrollo,
es textual). No, ni La 1, ni Cuatro, ni La Sexta, solo algunos aguerridos de las
redes sociales reprocharon a la ministra por esa expresión que tan profunda
carga de racismo encierra.
Ya
es curioso que tache a los demás de hacer obstruccionismo siendo como es la primera
novicia de quien se placía ante Rajoy con aquel terminante “no es no, ¿qué
parte del ‘no’, no ha entendido?”.
A
los que continúan incidiendo en la existencia de un lengua andaluza, conviene
recordarles gratuitamente -de gañote,
o de pescuezo, decimos aquí- que es lenguaje la capacidad del ser humano
para comunicarse mediante signos; es lengua el
sistema de signos orales o escritos que utilizamos para comunicarnos en
un determinado grupo; y, finalmente, es habla la manifestación oral de esta última.
Y
no, no es inculta el habla andaluza, todo lo contrario, incluso en la garganta
de Marixu. Cosa distinta son sus célebres incongruencias, que no chascarrillos,
que ni ella misma entiende, tampoco la Yoli, baste mirar la cara que puso en la
última de las ocasiones que a continuación se recuerdan:
“Chiqui,
mil millones no son nada”…
“Este
Gobierno ha solicitado entrono al
billón o billón y medio de euros”…
“Los
abuelos no quieren las pensiones para ellos”…
“Lo
que dice el acuerdo es lo que dice y lo que no dice el acuerdo no lo dice”…
“No
es que Hacienda vaya a recaudar más, de lo que se trata es de que no recaude
menos” (sic).
Pero
la locuacidad de la vicepresidenta primera no siempre da por unas compasivas
risotadas y no ha desaprovechado el fin de semana en Jaén para corroborarlo, donde
se permitió arremeter contra la justicia y en particular contra los cuatro
magistrados del TSJ de Cataluña, tres de
ellos mujeres, que el día anterior revocaron
por unanimidad la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona en el
caso Dani Alves, al que condenó a cuatro años y medio de prisión como
responsable de un -otra vez presunto- delito de agresión sexual a una joven de
23 años en los lavabos de un reservado de la barcelonesa discoteca Sutton.
En
este caso, ya desbarrando, su facundia deviene logorrea: “¡Qué vergüenza que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y
se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de
mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos, a los
grandes, a los famosos!”.
Esta
señora, pese a todo, es hoy vicepresidenta
del Gobierno de España, aunque su referencia sigue siendo la vicepresidenta
venezolana, Delcy Rodríguez. Según el Índice
del Estado de Derecho de World Justice Project, de un total de 142
países, la república bolivariana ocupa el primer lugar -por la cola- en lo que
al cumplimiento de leyes respecta. España está en el puesto 25, pero con una Marixu
absolutamente dispuesta a acortar las distancias.
Aún después de esto y volviendo al principio: sigo sin imaginarme oír de boca del gallego aquello de ‘mopongo’.