martes, 1 de abril de 2025

El señor Mopongo y la aprendiz de Delsy


 

31/03/25. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


 “Sigo sin imaginarme oír de boca del gallego aquello de ‘mopongo’”

 

Tendría su gracia si la artista fuera graciosa en lugar de graciosilla y si, alamismavé y obviando las habituales, extravagantes y zafias muecas desde su escaño, no destacara como la ministra “sobresaliente cum laude” que más patadas por minuto viene dando al Diccionario de la Lengua Española, lo que ya es meritorio teniendo tan cerca a Yolanda y Pilar.

Todo apunta (ya lo contó hace dos años y medio) que el recurrente chiste puesto en escena de nuevo ayer en Málaga, en el enésimo acto de los socialistas en pos de dar lustre al chiringuito andaluz en el que se refocilaron durante cuatro décadas, no fue sino una tosca y torpe expresión de la protagonista que un avispado asesor monclovita -del más de medio millar a su servicio- supo cosechar para solaz de los propios, eso sí cambiando de comediantes. Así, lo que sin duda alguna vez soltó Marixu por esa boquita, se lo endiñan ahora a Feijóo y asunto arreglado.

Sin embargo, justo es reconocerlo, algo ha aprendido, pues en aquel septiembre de 2022, cuando se refirió por primera vez al líder popular como “el señor Mopongo”, incurrió en un desliz xenófobo de los que solo se le perdonan a la progresía: “Feijóo es el señor ‘Mopongo’, y no es que venga de África, es que es ‘ponga usted una propuesta’, que yo mopongo. Da igual lo que usted diga, yo, mopongo (disculpen el embrollo, es textual). No, ni La 1, ni Cuatro, ni La Sexta, solo algunos aguerridos de las redes sociales reprocharon a la ministra por esa expresión que tan profunda carga de racismo encierra.

Ya es curioso que tache a los demás de hacer obstruccionismo siendo como es la primera novicia de quien se placía ante Rajoy con aquel terminante “no es no, ¿qué parte del ‘no’, no ha entendido?”.

A los que continúan incidiendo en la existencia de un lengua andaluza, conviene recordarles gratuitamente -de gañote, o de pescuezo, decimos aquí- que es lenguaje la capacidad del ser humano para comunicarse mediante signos; es lengua el sistema de signos orales o escritos que utilizamos para comunicarnos en un determinado grupo; y, finalmente, es habla la manifestación oral de esta última.

Y no, no es inculta el habla andaluza, todo lo contrario, incluso en la garganta de Marixu. Cosa distinta son sus célebres incongruencias, que no chascarrillos, que ni ella misma entiende, tampoco la Yoli, baste mirar la cara que puso en la última de las ocasiones que a continuación se recuerdan:

“Chiqui, mil millones no son nada”…

“Este Gobierno ha solicitado entrono al billón o billón y medio de euros”…

“Los abuelos no quieren las pensiones para ellos”…

“Lo que dice el acuerdo es lo que dice y lo que no dice el acuerdo no lo dice”…

“No es que Hacienda vaya a recaudar más, de lo que se trata es de que no recaude menos” (sic).

 

Pero la locuacidad de la vicepresidenta primera no siempre da por unas compasivas risotadas y no ha desaprovechado el fin de semana en Jaén para corroborarlo, donde se permitió arremeter contra la justicia y en particular contra los cuatro magistrados del TSJ de Cataluña, tres de ellos mujeres, que el día anterior revocaron por unanimidad la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona en el caso Dani Alves, al que condenó a cuatro años y medio de prisión como responsable de un -otra vez presunto- delito de agresión sexual a una joven de 23 años en los lavabos de un reservado de la barcelonesa discoteca Sutton.

En este caso, ya desbarrando, su facundia deviene logorrea: “¡Qué vergüenza que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos, a los grandes, a los famosos!”.

Esta señora, pese a todo, es hoy vicepresidenta del Gobierno de España, aunque su referencia sigue siendo la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez. Según el Índice del Estado de Derecho de World Justice Project, de un total de 142 países, la república bolivariana ocupa el primer lugar -por la cola- en lo que al cumplimiento de leyes respecta. España está en el puesto 25, pero con una Marixu absolutamente dispuesta a acortar las distancias.

Aún después de esto y volviendo al principio: sigo sin imaginarme oír de boca del gallego aquello de ‘mopongo’.