lunes, 27 de abril de 2026

Ley de Memoria Democrática: los nuevos oriundos

 


28/04/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 “El aterrizaje más sonado fue sin duda el del jugador Adorno (futbolista sudamericano de la época), que cuando llegó para fichar por el Real Club Celta de Vigo soltó la recordada frase: mi abuelo nació en Celta de Vigo”

 La Ley 20/2022 de Memoria Democrática, aprobada en octubre de 2022, incluye (en su disposición adicional octava) una vía extraordinaria para obtener la nacionalidad española por descendencia sin exigir la residencia en España. En concreto estipula la ya conocida como ley de nietos:

1. Los nacidos fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que originariamente hubieran sido españoles, y que, como consecuencia de haber sufrido exilio por razones políticas, ideológicas o de creencia o de orientación e identidad sexual, hubieran perdido o renunciado a la nacionalidad española, podrán optar a la nacionalidad española, a los efectos del artículo 20 del Código Civil. Igualmente, podrán adquirir la nacionalidad española las personas que se encuentren en los siguientes supuestos:

a) Los hijos e hijas nacidos en el exterior de mujeres españolas que perdieron su nacionalidad por casarse con extranjeros antes de la entrada en vigor de la Constitución de 1978.

b) Los hijos e hijas mayores de edad de aquellos españoles a quienes les fue reconocida su nacionalidad de origen en virtud del derecho de opción de acuerdo a lo dispuesto en la presente ley o en la disposición adicional séptima de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre (por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura).

2. En todos los supuestos, esta declaración deberá formalizarse en el plazo de dos años desde la entrada en vigor de la presente ley. Al terminar este plazo, el Consejo de Ministros podrá acordar su prórroga por un año.

Efectivamente, el Consejo de Ministros (9 de julio de 2024) acordó ampliarlo un año más, por lo que el plazo para ejercer ese derecho finalizó el 21 de octubre de 2025, fecha de facto ampliada por acumulación de citas.

Hasta aquí la letra (negro sobre blanco) de la ley. ¿Cuál ha sido el resultado y cuáles las consecuencias?

España vive hoy un fenómeno administrativo e histórico de gran magnitud: se han recibido más de dos millones y medio de solicitudes de nacionalidad vinculadas al exilio por la citada ley. A primera vista, puede parecer un proceso estrictamente jurídico, pero en realidad conecta con viejas preguntas: quienes somos, quiénes pertenecen y en qué condiciones.

No es la primera vez que el país revisa sus fronteras simbólicas. Hace medio siglo, el fútbol ya había abierto un debate similar con la llegada de los llamados “oriundos”. Por entonces, la Federación Española de Fútbol (no existía la Liga de Fútbol Profesional) solo admitía a dos extranjeros por club y extranjeros eran todos los que no habían nacido en España. Pero hete aquí que inventaron un subterfugio para que los clubes pudieran fichar jugadores hispanoamericanos con ascendencia española. Así, centenares de sudamericanos inundaron el fútbol español, algunos con más tipo de picador en la maestrante calle Iris que de deportista medianamente profesional; los intermediarios hicieron su particular agosto, pero era tal la incompetencia de la mayoría de jugadores aterrizados que (hecha la ley, hecha la trampa) comenzaron a venir jugadores de mayor calidad a costa del falseamiento de partidas de nacimiento y de pasaportes. El aterrizaje más sonado fue sin duda el del jugador Adorno (futbolista sudamericano de la época), que cuando llegó para fichar por el Real Club Celta de Vigo soltó la recordada frase: “mi abuelo nació en Celta de Vigo”.

Para las elecciones generales de 2027, ésas que se niega a adelantar el inquilino monclovita, el censo electoral contará con -casi- tres millones de nuevos votantes que podrán decidir sin sobresaltos los destinos de España desde su silla de Guayaquil, Monterrey, La Habana o Buenos Aires…

Los dos fenómenos -separados por décadas y contextos muy distintos- comparten un elemento central, la flexibilidad del concepto de nacionalidad: en el caso del exilio se amplía para incluir a quienes fueron excluidos por circunstancias históricas, en el fútbol de los oriundos, se adaptó para tratar de mejorar el nivel competitivo sin romper formalmente las reglas, aunque éstas acabaran hechas añicos.

En ambos casos, la “sangre” o la ascendencia actúan como puente legal y simbólico. La nacionalidad deja de ser solo un hecho de nacimiento o residencia para convertirse en algo heredado y reinterpretado.

Finalmente, tanto las oficinas de extranjería ahora, como los despachos de los clubes de fútbol hace más de medio siglo, han tenido que responder a la misma cuestión: qué significa ser español. La respuesta nunca ha sido fija. Cambia según el contexto, las necesidades y las prioridades de cada época. Ayer fue el fútbol el que ensayó fórmulas flexibles para llenar los bolsillos de los dirigentes; hoy es la política quien revisa el pasado para redefinir el presente y asegurarse el futuro.

Y en los dos casos, la conclusión parece clara: la identidad nacional, lejos de ser un concepto rígido, es una construcción en constante negociación por gente sin escrúpulos a la búsqueda de su único beneficio, en este caso la continuidad en la poltrona. De esta forma se hace uso de la Teoría del Reemplazo popularizada por el escritor francés Renaud Camus de la que ya presumen nuestros dirigentes: las poblaciones europeas (y, en general, las occidentales) están siendo sustituidas por inmigrantes, especialmente de África o de países musulmanes; a ello, en España, súmense los casi tres millones de nuevos votantes que incorporará la recurrente Ley de Memoria Democrática.

El desmadre futbolístico de pasaportes, visados y contratos falsos acabó destapando el entramado y, precipitadamente, los proclamados futbolistas sevillistas, béticos, o celtiñas desde chiquititos comenzaron a salir tal y como llegaron.

El que siga pensando que el ínclito Sánchez tiene fecha de caducidad y que los pucherazos son imposibles en un sistema moderno y democrático como el nuestro, que se empape de todo lo anterior. ¿O conocen a alguien capaz de destapar este otro entramado?


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