jueves, 16 de julio de 2026

Tres apellidos franceses y medio contra veintiún apellidos españoles y a la final

 


16/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

“Rajoy escribió una frase (“Francia tiene muchísimo nivel, eso sí, sin franceses”) que desde la perspicacia solo podía interpretarse como una pulla a la extrema derecha francesa”

Anoche, la semifinal mundialista acabó de la forma más inesperada: tras varias jornadas contendiendo entre estirpe francesa y casta española, el partido empezó a decidirlo para España un apellido marroquí, Yamal, objeto de penalti de uno de los escasos apellidos franceses puestos en liza en todo un 14 de Julio. Y, de repente, todos descubrimos que los goles -Oyarzabal y Porro- no llevan certificado de pureza de sangre.

Durante cinco días, Rajoy mediante, se perfiló una competición paralela. No de fútbol y sí de linaje. Pareciera que Francia dejaba de jugar con laterales y delanteros para hacerlo con árboles genealógicos.

¡A ver cuántos apellidos franceses resplandecen en la plantilla de Didier Deschamps! Los más aplicados empezaron a repasar la lista: Lacroix, francés; Rabiot, francés; Lucas, bueno… vale. Y a partir de ahí comenzaron los sudores fríos. Porque resulta que la República Francesa lleva lustros haciendo una cosa muy rara: considerar franceses a los franceses, eso sí, de segunda generación, despreciando al filántropo Sánchez quien propiciará en breve que presuntos tataranietos de españoles en Iberoamérica, sin moverse de su quinta o de su favela, nos enseñen a votar correctamente a quienes osamos hoyar el terruño.

Lo curioso, finalmente, es que, mientras algunos hacían inventario de los apellidos galos, España terminaba eliminando a Francia gracias a un futbolista cuyo apellido sirve desde hace años para que otros aseguren que es catalán y, por tanto, no español.

Pero la realidad, como la verdad, es la realidad, la diga Mariano o su porquero. Estos son los apellidos de los 25 componentes de la selección francesa y sus orígenes:

-         3 franceses: Digne, Lacroix y Rabiot. Y medio más: Zaïre-Emery.

-         3 malienses: Dembélé, Konaté y Kanté.

-         2 argelinos: Akliouche y Cherki.

-         2 cameruneses: Mbappé y Tchouaméni.

-         2 congoleños: Samba y Mateta.

-         2 marfileños: Koné y Doué.

-         1 alemán: Risser.

-         1 beninés: Koundé.

-         1 español: Hernández.

-         1 guadalupeño: Thuram.

-         1 guineano: Upamecano.

-         1 haitiano: Maignan.

-         1 italiano: Gusto.

-         1 libanés: Saliba.

-         1 nigeriano: Olise.

-         1 togolés: Barcola.

 

Y estos son los correspondientes a los seleccionados por De la Fuente:

-         21 españoles (castellanos, valencianos, extremeños, gallegos, andaluces, vascos o catalanes).

-         1 marroquí (Yamal).

-         1 ghanés (Williams).

-         1 neerlandés (Huijsen).

-         1 francés (Laporte).

 

Así queda, al día de hoy, el marcador de estirpes:

Apellidos franceses defendiendo a Francia: 3,5.

Apellidos españoles en favor de España: 21.

Resultado: ¡España, a la final!

 

La ironía, sin embargo, no acaba ni empieza en Rajoy, pese a RTVE y al resto de rufianes. Nadie valora, ni siquiera recuerda, que la izquierda española viene aprovechando las acciones de Lamín para lanzar su envenenado dardo a la derecha: “ganamos gracias a uno que, según vosotros, no es español”.

Buen argumento... salvo por un pequeño detalle. Porque los mismos que defienden -con razón- que un ciudadano español sigue siendo español, aunque se apellide Yamal, Hakimi o Williams, llevan años proclamando sin aspavientos que la selección española gana “porque está repleta de catalanes”, ¿verdad, Gabriel?

Resulta, así, una curiosa versión del nacionalismo cuántico, porque si un catalán marca el gol decisivo, retozan orgullosos: “es Cataluña quien vence”. En este caso sí que vale la afirmación de que Cubarsí u Olmo no son españoles. Y nadie, ni siquiera Rajoy, se atreve a chistarles.

La exaltación nacionalista, en detrimento de lo español, suele continuar a la velocidad de un contraataque de Oyarzabal, “vasco de sangre”; o con un gol de Merino, exmaketo y vasco a la fuerza; o con una asistencia de Nico Williams, vasco muy a pesar del sueño de Sabino Arana.

Resulta que la identidad nacional funciona como el fuera de juego: depende del color del equipo desde el que se mire. Lo de la superioridad moral, ya sabemos…

Rajoy escribió una frase (“Francia tiene muchísimo nivel, eso sí, sin franceses”) que desde la perspicacia solo podía interpretarse como una pulla a la extrema derecha francesa, la misma que ha respondido con la mayor de las indignaciones. Naturalmente -estaba claro- que también los aprovechateguis de turno, en forma de analfabetos funcionales, dictadores del progretariado o centristas pasteleros lo cogerían por donde no picaba…


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