lunes, 25 de mayo de 2026

Sevilla FC: vender es lo fácil; unirse sería el verdadero acto de sevillismo

 



25/05/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo 

El gran cáncer del club ha sido -y continúa siendo- la división. El Sevilla de los éxitos ha quedado finalmente atrapado entre “políticas mezquinas” y luchas personales que impiden cualquier proyecto estable

El sevillismo lleva años atrapado en una guerra accionarial que ha desgastado la imagen, el rendimiento deportivo del club y, lo que es peor, la estabilidad, poniendo en grave riesgo su futuro. Hijos contra padres, aliados antiguos convertidos en acérrimos enemigos, fondos extranjeros de quita y pon, juntas de accionistas convertidas en trincheras y una afición tan exhausta como inquebrantable viendo cómo el debate dejó hace tiempo de ser fútbol, títulos y clasificaciones europeas para devenir en espurias luchas por el poder.

Y, sin embargo, en medio de ese escenario irreconciliable, ha ocurrido algo sorprendente para el gran público, no para los conocedores del eterno Sevilla FC: todos han sido capaces de ponerse de acuerdo para vender.

Ese detalle, que podría parecer menor, es en realidad colosal. Porque demuestra que, cuando el dinero aparece sobre la mesa, las diferencias cainitas desaparecen. Familias, amigos y eternos enemigos enfrentados durante años, bloques que no podían compartir ni una caña de cerveza, accionistas incapaces de consensuar una hoja de ruta económica y deportiva… todos han encontrado un punto común para hacer caja.

La pregunta resulta inevitable: si han sido capaces de unirse para vender el Sevilla FC, ¿por qué no vuelven a hacerlo para ponerlo a salvo de especuladores o de ignotos inversores?

La operación impulsada alrededor de Sergio Ramos y el fondo Five Eleven Capital ha sido presentada como la gran solución para el club. Pero cuanto más se conoce, más dudas parecen surgir. Incluso los protagonistas admiten incertidumbres sobre la capacidad financiera real de los potenciales compradores, sobre sus inconsistentes avales, sobre la complejidad jurídica que recae en muchos de los títulos en forma de embargos y pignoraciones de una parte del accionariado, la misma que se entrampó hasta el las cejas para su adquisición.

No había al menos hasta el día de ayer -eso dicen- un comprador inequívocamente sólido, transparente y contrastado que garantice estabilidad institucional y crecimiento deportivo. Lo que existe es una promesa. Y el Sevilla FC no está para promesas.

El club ya ha vivido el experimento del capital extranjero: 777 Partners dejó sospechas, enfrentamientos y una sensación permanente de inseguridad. Las acciones bloqueadas judicialmente en Estados Unidos y los problemas financieros del grupo terminaron convirtiendo aquella alianza en otro factor a sumar a la inestabilidad.

Durante decenios, el discurso de todos los sectores del sevillismo fue el mismo: “el club debe seguir siendo de los sevillistas”. Incluso desde dentro del consejo se rechazaba la entrada de socios sin control claro o modelos especulativos de propiedad. Ahora, sin embargo, conscientes de su incapacidad, parecen haberse impuesto la resignación y la calculadora.

Es cierto que la situación económica es más que delicada. También lo es que el deterioro deportivo ha sido alarmante en los últimos tiempos y que el modelo de gestión se ha agotado. Nadie puede negar esa realidad. Pero precisamente por eso resulta aún más doloroso que quienes han llevado a la institución hasta aquí pretendan hacer borrón y cuenta nueva sin intentar antes un último acuerdo por el propio Sevilla.

Con ser grave, el problema nunca fue únicamente económico. El gran cáncer del club ha sido -y continúa siendo- la división. El Sevilla de los éxitos ha quedado finalmente atrapado entre “políticas mezquinas” y luchas personales que impiden cualquier proyecto estable. Y esa percepción no ha cambiado. El sevillismo ha visto cómo cada facción parecía más preocupada por ganar una votación, incluso rozando la ilegalidad, que por construir un equilibrio perdurable.

Por eso, ante las dudas que ofrecían los inversores, al menos hasta ayer, haría falta hoy un gesto distinto. No un acuerdo para repartirse millones. Un acuerdo para reconstruir el Sevilla FC. Un pacto real entre las grandes familias accionariales. Un compromiso de estabilidad mínima. Una profesionalización de la gestión. Un consejo que piense más en la historia de Nervión -y en el legado de patrimonio, sangre, sudor y lágrimas de cientos de miles de recordados sevillistas- que en el rédito accionarial. Un proyecto económico serio antes de entregar el club a un comprador del que nadie -según cuentan- puede asegurar su solvencia a medio plazo.

Porque vender el Sevilla es irreversible. Y porque cuando un club pierde su identidad institucional, recuperarla cuesta décadas si no se pierde para siempre.

El sevillismo no necesita héroes financieros ni operaciones grandilocuentes. Necesita, como ya ha habido ocasión de disfrutar, de dirigentes capaces de entenderse y de entender que el Sevilla FC es más importante que uno cualquiera de sus accionistas.

Si han sido tan valientes para sentarse todos juntos y firmar una venta, deberían ser todavía más sevillistas para sentarse todos juntos y decidir no vender. Mientras no exista un comprador verdaderamente fiable, solvente y transparente, quizá el mayor acto de sevillismo no sea marcharse, quizá sea quedarse.

Y en éstas… desperté.


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