viernes, 19 de junio de 2026

El irresistible encanto del (vil) metal para el progretariado patrio

 


19/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

Se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce

Dicen -y todavía hay incautos que se lo creen- que el socialismo nació para repartir la riqueza. Sin embargo, a juzgar por algunas querencias históricas, no cabe duda de que ciertas figuras del PSOE siempre han mostrado una atracción especialmente expropiatoria hacia el amarillo. Hay quien colecciona sellos, quien se apasiona por los bonsáis y quien siente una irresistible sugestión por las joyas, los lingotes y demás contenido brillante custodiado en las cajas fuertes.

Ahora que José Luis Rodríguez Zapatero sigue paseándose por medio mundo con la seguridad de un estadista jubilado que nunca se jubiló del todo, resulta inevitable que a los buenos aficionados a la historia se les despierten los recuerdos. Porque, a fin de cuentas, el PSOE posee una tradición tan rica en congresos, escisiones y puñaladas fraternales como en leyendas relacionadas con apropiaciones indebidas y mangazos de tesoros.

No, no es la primera vez que dirigentes socialistas españoles se ven rodeados por el resplandor de las piedras preciosas. En los años finales de la Guerra Civil, cuando el régimen prosoviético felizmente expiraba y todo era confusión, el patrimonio custodiado por el estado fallido y las joyas depositadas por miles de particulares en las cajas del Banco de España emprendieron caminos en paralelo -¡qué casualidad, José Luis!- con los destinos de los exiliados. Unas acabaron en Francia, otras en México y otras en la nebulosa de las memorias contradictorias o, directamente, acalladas.

Valga como ejemplo que el 28 de febrero de 1939, el Vita, patroneado por un grupo de carabineros españoles leales a Negrín, partió del puerto francés de El Havre, con la orden de anclar en el puerto mexicano de Veracruz, acarreando 120 maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones, cuyos bienes muebles estaban constituidos por obras de arte de colecciones privadas y sobre todo por grandes cantidades de joyas y metales preciosos. Aquel episodio tuvo su fratricida continuación ya en tierras conquistadas por Hernán Cortés, donde las instituciones socialistas expatriadas, encabezadas por los archienemigos Juan Negrín e Indalecio Prieto, los administraron con un entusiasmo digno del conspicuo ZP. Las acusaciones más sonoras sobre cómo se embolsicaron los bienes y las joyas no procedieron precisamente de sus enemigos, sino de ellos mismos. Prieto lanzó invectivas contra los negrinistas y los estos contraatacaron con entusiasmo.

Noventa años después, los tiempos deberían haber cambiado, pero ciertas inclinaciones parecen resistirse a desaparecer. Ya no se trata de baúles rumbo a Veracruz ni de inventarios redactados a toda prisa, sino de una fascinación más sofisticada por las compañías distinguidas, los regímenes amigos y las relaciones con personajes de cartera generosa.

En estas aparece Zapatero, transitando por los escenarios internacionales con una desenvoltura que habría hecho las delicias de los viejos caciques liberales. Si antaño los dirigentes socialistas soñaban con la revolución proletaria mientras se apoderaban de tesoros ajenos, hoy las fotografías se las hacen con jeques, empresarios, magnates y mandatarios varios al tiempo que reciben tesoros no declarados. El puño en alto ha sido sustituido por el apretón de manos y el traje de pana por el traje a medida, pero las piedras preciosas entonces y hoy eran la meta.

Cambian los discursos, cambian las consignas y cambian los enemigos del pueblo, pero permanece intacta esa antigua pasión española por los tesoros de la que los socialistas no reniegan. El socialismo español ha conservado intacta una admirable virtud: la capacidad de reinventarse sin perder jamás cierto aprecio por el precioso resplandor. Debe de ser una cuestión estética. Al fin y al cabo, las joyas tienen algo irresistible: reflejan la luz. Y se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce.

En resumen, el progretariado patrio, aún viéndolo comparecer como imputado ante el Juzgado Central de Instrucción número 4, sigue encandilado con su ZP del alma, ese probo socialista, como todos, “normalmente pobre y siempre dispuesto a dar mucho”. ¡País!

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