12/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo
“El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada”
Para los cristianos, Jesucristo vino al rescate definitivo del alma, ofreciendo su vida en la Cruz como el precio para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte.
La visita de León XIV a España está
siendo, para millones de católicos, una ocasión de alegría, esperanza y
renovación espiritual. No podía ser de otra manera. La presencia del Sucesor de
Pedro siempre constituye un acontecimiento que trasciende la política y
recuerda a los creyentes que la Iglesia pertenece a una dimensión más alta que
las disputas partidistas. Precisamente por ello resulta llamativo observar cómo
determinados sectores políticos y mediáticos han aprovechado la visita para
construir un inmenso paréntesis informativo alrededor de los escándalos que
afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y al partido que mayoritariamente lo
sostiene.
Pareciera que, por unos días, todas las
controversias han desaparecido. Las investigaciones, las sospechas, los
escándalos y las incómodas preguntas que rodean a distintas figuras del entorno
gubernamental han quedado relegadas a un discreto segundo o tercer plano. El
protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para
la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada. De
pronto, la conversación nacional pareció dejar de girar alrededor de las
dificultades del sanchismo para concentrarse en las imágenes, discursos
y gestos del Pontífice.
La paradoja es que ni siquiera algunas de
las posiciones doctrinales tradicionalmente defendidas por la Iglesia
parecieron incomodar a quienes normalmente las combaten con mayor intensidad.
Si el Papa recordó la defensa de la vida o expresó reservas frente a
determinadas prácticas que forman parte del consenso progresista contemporáneo,
tales afirmaciones fueron recibidas, por el ALMA, con una indulgencia
sorprendente. Quienes no suelen mostrar especial simpatía -más bien todo lo
contrario- por la moral católica parecen hoy dispuestos a ofrecer la otra
mejilla, a perdonarlo todo. El motivo es evidente: la visita del Prevost
madridista les está proporcionando, además de blanco, blanquísimo, un valioso
balón de oxígeno político y mediático.
La imagen más representativa es la del
entusiasmo institucional desplegado alrededor de la presencia papal. El mismo
sistema político que acostumbra a mirar con distancia, cuando no con abierta
hostilidad, a muchas posiciones de la Iglesia, se ha entregado a una exaltación
casi unánime capaz de dejar en pañales Las Moradas de la santa de Ávila.
El ALMA ha encontrado así su razón de ser: la capacidad de adaptar el discurso
a las necesidades del momento, incluso cuando ello exija aplaudir, por más de
siete minutos, aquello que normalmente se critica (como la defensa de la vida
desde la concepción hasta la muerte natural) y que volverá a criticarse en
cuanto el Pontifex Maximus aterrice en Fiumicino.
Por supuesto que también llama la
atención el itinerario elegido. La visita al Monasterio de Montserrat,
vinculado desde finales del XIX con el movimiento separatista conservador, se
ha pretendido mostrar como símbolo de encuentro y espiritualidad, ocultando
otras connotaciones o no poniendo el mismo énfasis en las sombras que también
han afectado al histórico santuario, incluidas las derivadas de los casos de
abusos denunciados. El contraste entre la atención concedida a unos asuntos y
el silencio sobre otros alimenta inevitablemente la sospecha de que la gestión
de la memoria histórica continúa dependiendo más de la utilidad política
que de la búsqueda de la verdad.
Lo contrario ocurre con la ausencia de la
visita al Valle de los Caídos solicitada por miles de personas. Para el ALMA,
la decisión es absolutamente lógica ya que evita entrar en un terreno de
permanente confrontación ideológica. Contrariamente, para una parte de los no
ateneístas, constituye una oportunidad perdida para reivindicar el significado
reconciliador que atribuyen al monumento. Quienes sostienen esta última visión
recuerdan que fue concebido como un lugar destinado a superar las heridas de la
Guerra Civil, incluida la persecución religiosa de los años treinta, el mayor
genocidio después de la Vendée. Desde esa perspectiva, la ausencia solo puede
ser interpretada como una concesión innecesaria -otra- a las sensibilidades
políticas dominantes.
Queda claro que el verdadero debate no está
girando en torno al Papa, sino al uso que se hace de su figura. León XIV no
necesita rescatar a ningún gobierno ni respaldar a ningún partido. Su misión es
otra. Son los actores políticos y mediáticos quienes intentan convertir una
visita pastoral en una operación de comunicación. Y es ahí donde el ALMA
encuentra su campo de actuación favorito: transformar cualquier acontecimiento
en una ocasión para la lisonja activa y la suspensión temporal, ya casi
perenne, del espíritu crítico de una sociedad cada vez más consciente de los
desmanes de este gobierno.
Los católicos tienen motivos legítimos
para alegrarse de la presencia del Pontífice. Los no creyentes pueden
contemplarla con respeto como un acontecimiento cultural e histórico de primer
orden. Lo preocupante es que una visita llamada a elevar el debate público
termine siendo utilizada para rebajarlo, sustituyendo las preguntas incómodas
por los aplausos convenientes. Cuando eso ocurre, el Papa deja de ser noticia
por lo que representa y pasa a ser noticia por aquello que -inconscientemente,
creemos- ayuda a ocultar.
Confiamos en que el Vicario de Cristo no
haya venido a España al rescate del ALMA, aunque sus miembros puedan
parecer tranquilos. Al menos por unos días.
Y en breve, El Mundial. ¡Así cualquiera!
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