viernes, 12 de junio de 2026

¿Un Papa al rescate del ALMA?

 


12/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

“El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada”

Para los cristianos, Jesucristo vino al rescate definitivo del alma, ofreciendo su vida en la Cruz como el precio para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte.

La visita de León XIV a España está siendo, para millones de católicos, una ocasión de alegría, esperanza y renovación espiritual. No podía ser de otra manera. La presencia del Sucesor de Pedro siempre constituye un acontecimiento que trasciende la política y recuerda a los creyentes que la Iglesia pertenece a una dimensión más alta que las disputas partidistas. Precisamente por ello resulta llamativo observar cómo determinados sectores políticos y mediáticos han aprovechado la visita para construir un inmenso paréntesis informativo alrededor de los escándalos que afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y al partido que mayoritariamente lo sostiene.

Pareciera que, por unos días, todas las controversias han desaparecido. Las investigaciones, las sospechas, los escándalos y las incómodas preguntas que rodean a distintas figuras del entorno gubernamental han quedado relegadas a un discreto segundo o tercer plano. El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada. De pronto, la conversación nacional pareció dejar de girar alrededor de las dificultades del sanchismo para concentrarse en las imágenes, discursos y gestos del Pontífice.

La paradoja es que ni siquiera algunas de las posiciones doctrinales tradicionalmente defendidas por la Iglesia parecieron incomodar a quienes normalmente las combaten con mayor intensidad. Si el Papa recordó la defensa de la vida o expresó reservas frente a determinadas prácticas que forman parte del consenso progresista contemporáneo, tales afirmaciones fueron recibidas, por el ALMA, con una indulgencia sorprendente. Quienes no suelen mostrar especial simpatía -más bien todo lo contrario- por la moral católica parecen hoy dispuestos a ofrecer la otra mejilla, a perdonarlo todo. El motivo es evidente: la visita del Prevost madridista les está proporcionando, además de blanco, blanquísimo, un valioso balón de oxígeno político y mediático.

La imagen más representativa es la del entusiasmo institucional desplegado alrededor de la presencia papal. El mismo sistema político que acostumbra a mirar con distancia, cuando no con abierta hostilidad, a muchas posiciones de la Iglesia, se ha entregado a una exaltación casi unánime capaz de dejar en pañales Las Moradas de la santa de Ávila. El ALMA ha encontrado así su razón de ser: la capacidad de adaptar el discurso a las necesidades del momento, incluso cuando ello exija aplaudir, por más de siete minutos, aquello que normalmente se critica (como la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural) y que volverá a criticarse en cuanto el Pontifex Maximus aterrice en Fiumicino.

Por supuesto que también llama la atención el itinerario elegido. La visita al Monasterio de Montserrat, vinculado desde finales del XIX con el movimiento separatista conservador, se ha pretendido mostrar como símbolo de encuentro y espiritualidad, ocultando otras connotaciones o no poniendo el mismo énfasis en las sombras que también han afectado al histórico santuario, incluidas las derivadas de los casos de abusos denunciados. El contraste entre la atención concedida a unos asuntos y el silencio sobre otros alimenta inevitablemente la sospecha de que la gestión de la memoria histórica continúa dependiendo más de la utilidad política que de la búsqueda de la verdad.

Lo contrario ocurre con la ausencia de la visita al Valle de los Caídos solicitada por miles de personas. Para el ALMA, la decisión es absolutamente lógica ya que evita entrar en un terreno de permanente confrontación ideológica. Contrariamente, para una parte de los no ateneístas, constituye una oportunidad perdida para reivindicar el significado reconciliador que atribuyen al monumento. Quienes sostienen esta última visión recuerdan que fue concebido como un lugar destinado a superar las heridas de la Guerra Civil, incluida la persecución religiosa de los años treinta, el mayor genocidio después de la Vendée. Desde esa perspectiva, la ausencia solo puede ser interpretada como una concesión innecesaria -otra- a las sensibilidades políticas dominantes.

Queda claro que el verdadero debate no está girando en torno al Papa, sino al uso que se hace de su figura. León XIV no necesita rescatar a ningún gobierno ni respaldar a ningún partido. Su misión es otra. Son los actores políticos y mediáticos quienes intentan convertir una visita pastoral en una operación de comunicación. Y es ahí donde el ALMA encuentra su campo de actuación favorito: transformar cualquier acontecimiento en una ocasión para la lisonja activa y la suspensión temporal, ya casi perenne, del espíritu crítico de una sociedad cada vez más consciente de los desmanes de este gobierno.

Los católicos tienen motivos legítimos para alegrarse de la presencia del Pontífice. Los no creyentes pueden contemplarla con respeto como un acontecimiento cultural e histórico de primer orden. Lo preocupante es que una visita llamada a elevar el debate público termine siendo utilizada para rebajarlo, sustituyendo las preguntas incómodas por los aplausos convenientes. Cuando eso ocurre, el Papa deja de ser noticia por lo que representa y pasa a ser noticia por aquello que -inconscientemente, creemos- ayuda a ocultar.

Confiamos en que el Vicario de Cristo no haya venido a España al rescate del ALMA, aunque sus miembros puedan parecer tranquilos. Al menos por unos días.

Y en breve, El Mundial. ¡Así cualquiera!

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